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Una amenaza que pondría en riesgo todos los frentes
Frente a una oposición republicana -encabezada por el número dos de la minoría Jon Kyl, quien manifestó su oposición a una ratificación antes de fin de año-, el presidente estadounidense, Barack Obama, insiste en que se trata de un «imperativo de la seguridad nacional» y en las consecuencias que una no ratificación tendría sobre las relaciones con Rusia.
En enero, la mayoría demócrata en el Senado será reducida a 53 legisladores, tras la victoria de los republicanos en las legislativas del 2 de noviembre. Será entonces necesario que 14 republicanos se unan a los demócratas para ratificar el tratado, de ocho que lo harían actualmente.
Si aún es temprano para afirmar si el tratado será ratificado, «es seguro» que si no se hace durante la última sesión del Congreso saliente, es decir, antes de fin de año, será percibido como un «revés» para las relaciones ruso-estadounidenses, señala James Collins, ex embajador estadounidense en Rusia y especialista del Centro Carnegie.
Respaldo
En Moscú, explica Collins, «esto respaldará a quienes dudaron desde el comienzo de esta política de relanzamiento, quienes probablemente critican lo que hace el Gobierno ruso en Irán, en Afganistán y así sucesivamente».
«Será más difícil mantener la confianza que parecía haberse instalado entre estadounidenses y rusos, y que permitió encontrar terrenos de acuerdo sobre algunos de estos temas», estima.
Luego de las tensiones durante los años del Gobierno de George W. Bush, Obama buscó mejorar las relaciones con Moscú con una política de cooperación, llamada «relanzamiento». Los rusos votaron en el Consejo de Seguridad de la ONU a favor de una cuarta serie de sanciones contra Irán en junio y anularon la venta de sus misiles antiaéreos S-300 a Teherán.
En Afganistán, Estados Unidos y Rusia reforzaron su cooperación y aprobaron un acuerdo el año pasado para que los aviones militares pudieran utilizar el espacio aéreo ruso para fines logísticos.
A Linton Brooks, ex subsecretario de Energía estadounidense encargado de la seguridad nuclear, le preocupa que la política exterior estadounidense se debilite aún más si la ratificación del tratado es rechazada o aplazada. «Cuando Estados Unidos se compromete en algo importante y es incapaz de cumplir con su compromiso, entonces toda su capacidad para influir sobre el sistema internacional se debilita», dice Brooks.
Más allá del tratado START, esto podría complicar la capacidad del Gobierno de Obama de convencer a China de no desarrollar su arsenal nuclear y de abrir negociaciones sobre las armas nucleares tácticas rusas, agrega.
Los republicanos parecen decididos a «matar» el tratado para que Obama no se lleve una victoria política, según Leslie Gelb, una ex funcionaria del Gobierno. Esto «socavaría completamente la confianza de Moscú en la capacidad de Washington de poner en marcha los acuerdos pasados», así como de otros países, afirma Gelb.
Agencia AFP


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