El largo viaje de regreso a Buenos Aires de miembros del equipo económico (de Alemania, primero, a Estados Unidos, después, en el caso, por ejemplo, de Amado Boudou) sirvió para analizar lo ocurrido en las últimas semanas en materia financiera y fiscal. En pleno vuelo, un alto funcionario repasó ante este diario el panorama para los próximos meses: las discusiones por el artículo IV, el final de 2010 y el comienzo de 2011, el uso de reservas, las colocaciones de deuda y la preparación de un plan Feliz Navidad.
Desde el Ministerio de Economía ya se informó a Olivos que el panorama fiscal hasta fin año y durante casi todo 2011 no presentará dificultades. Para el próximo ejercicio, la proyección de superávit primario tendría un piso del 1,6% del PBI. Se habla, además, de una recaudación impositiva récord, de un nuevo gran año para el campo y de una situación holgada en cuanto a la balanza comercial. Sin embargo, la vedette de 2011 será la segunda versión del pago de deuda con fondos provenientes del Banco Central. El Gobierno confía en alcanzar el aval legislativo para el proyecto que apruebe la operación. Entre otros, se mencionan los votos positivos del radicalismo cercano a Ricardo Alfonsín, del socialismo santafesino, de los bloques de centroizquierda (todos en Diputados) y de senadores de provincias cuyos gobernadores dependen de la buena salud fiscal del Gobierno nacional.
En total, para 2011 se estima que se necesitarían giros del Central por u$s 7.500 millones, los que, comparados con los más de u$s 51.000 millones que detenta la entidad que dirige Mercedes Marcó del Pont en sus reservas, no deberían provocar alteración en los mercados. Para asegurar la estabilidad, se necesitaría conen las reservas no mucho más de 35.000 millones de dólares, tomando en cuenta el nivel de circulación monetaria.
El panorama podría complicarse recién en 2012. Como en el Gobierno dan por segura la continuidad, se habla para entonces de una nueva discusión de política industrial (incluyendo el tipo de cambio), más créditos para el desarrollo y eventuales aperturas importantes al mercado mundial en lo financiero. Como contrapartida, ese ejercicio no contendrá grandes vencimientos de deuda comprometidos, tras los u$s 7.500 millones de 2010.
Para los próximos seis meses (último trimestre del año y el primero de 2011), el Gobierno espera lo mejor de todo el ciclo. Se habla de no menos de $ 6.000 millones de excedente fiscal, con los que se empezó ya a elaborar un plan navideño, que implicaría la liquidación del aguinaldo antes del 20 de diciembre, un pago extra para jubilados y beneficiarios del plan de asignaciones universales y eventuales ayudas a gobernadores e intendentes afines.
En la nueva concepción del Gobierno sobre el Club de París, elaborada después de la cumbre entre Cristina de Kirchner y Angela Merkel, son los propios Estados desarrollados los que deberían estar interesados en terminar con este conflicto, permitiendo al país negociar la liquidación de la deuda de 6.750 millones de dólares sin el FMI. Mientras tanto, el Gobierno llevará el tema directamente al G-20 en la próxima cumbre del 11 de noviembre en Seúl, Corea del Sur.
La visión se completa con el convencimiento de que no arreglar con el FMI no tendrá consecuencias para el eventual retorno de la Argentina a los mercados de deuda. El ofrecimiento, no aceptado, hecho por inversores privados en Nueva York hace 10 días para la colocación de un bono al 8,75%, se toma como una demostración. El Gobierno esperaría ahora al primer semestre de 2011 para tomar financiamiento.
De aprobarse la emisión de deuda voluntaria a una tasa menor, el dinero será utilizado únicamente para obras de infraestructura. Esto quiere decir, préstamos con destino directo y no para fortalecer las arcas del Tesoro nacional. El equipo económico analiza que no habrá alteraciones importantes en la tendencia de los mercados mundiales hasta febrero o marzo de 2011, con lo que en ese momento podría evaluarse nuevamente la situación; salvo alguna oferta imposible de rechazar (el 5% de interés a 10 años).
La negativa a negociar con el FMI para cumplir con el Club de París tiene, a su vez, un costado político. En un año electoral, el Gobierno no está dispuesto a la imagen periodística de agentes del organismo recorriendo oficinas oficiales, reuniéndose con economistas y candidatos opositores, alojándose en hoteles cinco estrellas y criticando al INDEC y cuestionando las cifras de crecimiento, pobreza y distribución. Incluso, la intención va más allá. Se piensa en tomar el tema del Fondo y la negativa para la fiscalización de las cuentas públicas a partir del artículo IV como un capítulo electoral más diferenciándose abiertamente de los otros candidatos presidenciales, obligándolos a plantear públicamente si en un eventual Gobierno aceptarían el retorno y las inspecciones del Fondo.
* Enviado Especial
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