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Una democracia aún indescifrable
El presidente afgano se presentaba para la reelección con el apoyo de los principales señores de la guerra del país, todos cabecillas militares que no hace tanto luchaban -en los años 80 y 90- y cuyas víctimas continúan vivas y los recuerdan perfectamente.
En Afganistán han ocurrido cosas muy gordas, aunque ahora la comunidad internacional considere eso una nimiedad de cara a la construcción de un Estado democrático. Aquí se ha arrancado la piel a gente viva, se le ha clavado clavos en la cabeza, se la ha torturado con aceite hirviendo y se la ha asfixiado dentro de contenedores. No es una invención de unos cuantos, sino que así lo documentan informes de Human Right Watch y Amnistía Internacional. Cualquiera puede consultarlos. Quienes hicieron todas esas barbaridades apoyaron a Karzai en la campaña electoral y, lo más previsible, es que ahora, a cambio, le reclamen algún cargo en el nuevo Gobierno afgano.
Abdulá Abdulá, el rival de Karzai que anunció el domingo que se retiraba de la segunda vuelta, tampoco es ningún santo, a pesar de la imagen de demócrata, progresista y liberal que se esfuerza en dar ahora. Como el resto de señores de la guerra, Abdulá también participó directamente en el conflicto, en este caso de la mano del líder militar Ahmad Sha Masud, que tal vez no fue tan carnicero como el resto pero que no dudó en bombardear Kabul, incluidas zonas residenciales, cuando batallaba por su control a principio de los años 90.
Interrogante
Por lo tanto, ya de entrada, ni Karzai ni Abdulá eran buenos candidatos. ¿Hacía falta, en consecuencia, tanto esfuerzo por aspirantes que no valían la pena?, es lo que se pregunta la población afgana que, con estas votaciones, se ha quedado con dos ideas.
En primer lugar, que Karzai cometió fraude masivo en las elecciones presidenciales del pasado 20 de agosto. De hecho, ahora todo el mundo pensaba que había que celebrar una segunda vuelta, no porque ninguno de los candidatos no hubiera conseguido la mayoría absoluta, sino porque habían hecho trampa. Por lo tanto, si ahora Karzai ha sido declarado presidente, a ojos de la población afgana es un presidente fruto del fraude.
En segundo lugar, aquí todo el mundo piensa que «los extranjeros» son los que han decidido, en realidad, quién debe ser su presidente para los próximos cinco años. El hecho de que Karzai hiciera una rueda de prensa con Kerry, Eide y los embajadores británicos, francés y estadounidense, para anunciar la segunda vuelta, y que ayer, cuando se lo declaró presidente, haya aparecido públicamente acompañado del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, ayudan a tal idea.
Durante las últimas semanas algunas ONG afganas habían empezado a impartir cursos, financiados por las Naciones Unidas, para explicarle a la gente qué es la democracia y un Gobierno salido de las urnas. El responsable de Afghan Women Educational Center -una de las asociaciones que realizaban esos cursos-, Ajmal Qani, asegura que los continuarán haciendo, a pesar de que no haya segunda vuelta y que Karzai ya haya sido declarado presidente. «Con tanto embrollo, a nadie le ha quedado claro qué es eso de la democracia», justifica.

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