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“Una democracia reducida al voto”
Rafael Correa identificó a "la prensa corrupta" como uno de los principales derrotados de la elección. De su lado, los medios ecuatorianos más importantes evaluaron ayer un resultado electoral que estuvo lejos de su objetivo de doblegar a un Gobierno al que califican, como mínimo, de "autoritario". En opinión del columnista Fabián Corral, del diario más importante de Quito, El Comercio, la democracia local se reduce al ejercicio del voto. El texto da la pauta tanto de la estrategia de Correa como de cierto esquematismo de la prensa a la hora de comprender la realidad.
A todo esto se suma la inducción plebiscitaria, que, hábilmente manejada, crea la impresión de que es el pueblo el que decide los más complejos temas jurídicos y los más acuciantes asuntos de interés común. Los demás aspectos que hicieron de la democracia liberal un sistema aceptable para soportar la obediencia, y justificar el hecho siempre polémico del mando, han quedado enterrados bajo las toneladas de propaganda.
Los plebiscitos han dejado de ser métodos en los que la razón y la reflexión orientan las decisiones de los votantes, para convertirse en sistemas de promoción de ideas excluyentes orientadas desde el poder. Las discrepancias se miran, entonces, como traición a la patria, como negación de la opción escogida desde arriba.
El mérito de los "demócratas" está ahora en el grado de fundamentalismo de que hacen gala, en la capacidad de exclusión del "enemigo", en la fuerza que ponen en afirmar el discurso que los coloca más allá de toda posibilidad de discusión. El electoralismo reduce la participación ciudadana al ritual del voto. Los electores, que durante meses han sido pasivos receptores de promesas y agobiadas víctimas de la propaganda, o curiosos concurrentes a mítines que semejan eventos deportivos, llegan a rayar la papeleta. Después, la maquinaria del Estado, arrogante, impávida, seguirá su marcha, hasta la próxima convocatoria al pueblo...¿Cuándo en las campañas se menciona siquiera la tarea de legislar? ¿Quién se atreve a mencionar la autonomía de los asambleístas, que teóricamente se deben a sus electores y no al poder? ¿No son todas esas renuncias evidencia de la caducidad de la democracia, y del florecimiento de un sistema que agota la "soberanía" en las formas?


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