En su origen, el Idus de marzo (día 15) marcaba el comienzo de una semana de celebraciones por el cambio de año según el primer calendario romano. Con el asesinato de Julio Cesar (y más probablemente gracias al Julius Caesar de William Shakespeare de1599) el Idus pasó a tener una connotación negativa. Por ejemplo y aunque sólo sea para darle algo de poesía, a nivel de mercado suele asociarse en los EE.UU. la baja que suelen experimentar las acciones en los últimos cuatro días de marzo con la cuestión del Idus. Esta vez, la Bolsa porteña (Merval) superó el Idus con una suba semanal del 11,13%. La última vez que tuvimos una suba de esta magnitud o mayor fue durante la primera semana de enero de 2012, registrándose apenas 6 eventos de este tipo en los últimos diez años (esto es 1 de cada 100 semanas). Otra manera de apreciar la magnitud de lo que estamos viviendo es por el número de papeles tranzados, que en las últimas cinco ruedas promedio el máximo desde la última semana de septiembre del año pasado (83 frente a 84) y especialmente por el volumen operado en acciones (que promedio $ 367,1 millones), rompiendo la marca nominal de la última semana de aquel septiembre ($ 366,9 millones, al escribir estas lineas aún faltaban procesar algunos números en la Bolsa). Si nada fundamental cambia en las próximas ruedas, este mes de marzo, en el que la cartera del mercado acumula hasta ahora una suba de 19% (el viernes sumó el 2,12% cerrando en 11.385,38 puntos) quedaría como el tercero de mayor suba desde el de 1989 (82% merced al proceso hiperinflacionario) y el de 1991 (+49%, sanción de la ley de Convertibilidad). Como decía el inolvidable creador de esta columna (a quien tuvimos el honor de acompañar haciendo el comentario sobre Nueva York desde noviembre de 1997 hasta el jueves 12 del corriente -cuando quedamos cargo del que fuera su espacio-, reemplazándolo además en el análisis de los balances de las cotizantes que salen en la próxima página, desde noviembre del año pasado y cada vez que lo necesitó -así que ya sabe a quién dirigir las criticas-), a los precios no se les discute. Claro que como buen pícaro, se guardaba la posibilidad de desconfiar de ellos.
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