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Una isla feliz
Clima perfecto, mar cristalino y fina arena blanca llaman a enamorarse de este destino caribeño cada vez más elegido por los turistas argentinos
Palm Beach, una de las playas más frecuentadas
"One happy island" es el lema de Aruba, que llevan con orgullo incluso en las patentes de los autos. Y eso se palpa en la amabilidad de los cerca de 110 mil habitantes arubianos y de otras 96 nacionalidades que trabajan en la isla en pos del turismo, actualmente la principal fuente de ingresos de este territorio autónomo que forma parte del Reino de los Países Bajos, junto, obviamente a Holanda, y otras islas de la región como Curazao y San Martín. Antes, su economía se basaba en la refinería de petróleo con la instalación de la Standard Oil en 1924, en el puerto de San Nicolás, la más grande del mundo para su tiempo. Pero para 1984 esa planta cerró, y dos años después el territorio logró su autonomía, con lo que la actividad central se volcó al turismo.
En esos 30 años Aruba recibió inversión extranjera, principalmente desde los EE.UU., que transformaron la costa sur en un basto espacio cubierto de hoteles de gran categoría a la vera del mar calmo, cálido, de poca profundidad y prácticamente sin oleaje, que lo hacen ideal para disfrutar en familia. Actualmente recibe en promedio un millón de turistas al año.
El contraste es una constante en sus 193 kilómetros cuadrados. Sus habitantes conviven entre una vegetación árida, en la que se mezclan cáctus y otras especies similares, con palmeras y plantas de aloe y frutas tropicales. En la parte norte de la isla los acantilados de coral esconden pequeñas zonas de playa para disfrutar de mayor intimidad.
Charlas multiculturales
El idioma no es un problema para los visitantes: la mayor parte de la población habla al menos cuatro idiomas: español, inglés, holandés y el papiamento local, una mezcla rara que combina el portugués, el castellano, y el inglés, entre otros.
A su vez, la oferta gastronómica es diversa. En los restoranes locales predominan las comidas en base a pescado, pero también se pueden encontrar diversas cadenas multinacionales. Entre las posibilidades tradicionales, el Papiamento Restaurant es un lugar ideal para una velada romántica. Rodeado por un exótico jardín, alrededor de una piscina color turquesa con luces que titilan en los árboles, el lugar es definitivamente mágico. Se trata de una casa de más de 120 años gestionada por sus propios dueños, decorada con antigüedades europeas, y excelente comida con oferta de carnes condimentadas por especias del caribe, vegetales, frutas y hierbas. También son múltiples los bares a la orilla del mar donde nunca está demás una parada para tomar algo refrescante que mitigue el intenso calor. En Aruba hay para todos los gustos.
Paseos
Una buena opción para programar una salida es comenzar con un paseo por el parque nacional Arikok, que ocupa el 20% de la isla. En su recorrido se pueden hacer paradas en pequeñas playas y visitar una cueva de 500 metros de extensión repleta de murciélados y pinturas rupestres. Siguiendo la ruta podrán ver los molinos que proporcionan energía eólica, la cárcel local, para desembocar luego en Roger y Baby Beach, dos lugares paradisíacos para quienes disfrutan del sol y el mar. Los que gustan de la experiencia de comer pesca del día no deben dejar de visitar Sea Rover, en la zona pesquera de Savaneta. Allí el contraste vuelve a quedar en evidencia. Alejado de los grandes hoteles, el paisaje se transforma en una sucesión de casas bajas, coloridas, y casi a ninguna le falta una mesa y sillas a la sombra para refugiarse del calor en mañanas y tardes.
Aguas tropicales
Sus mares están habitados por infinidad de vida marina, incluyendo varias especies de corales, peces tropicales y tortugas marinas, por lo que la práctica de buceo es otra gran alternativa. Entre los paseos existe la oportunidad de bucear por un barco de la Alemania nazi, hundido durante la Segunda Guerra Mundial. Por su escaso oleaje son también perfectos para realizar deportes acuáticos como el tan de moda "stand up paddle".
En el norte de la isla, una de las atracciones es el faro California, que debe su nombre al naufragio de un barco que chocó con la costa antes de su instalación. Para conocer un poco más, otro punto de referencia es Bushiribana, donde se encuentra lo que queda de una edificación de 1825 utilizada por los españoles para extraer oro. En la costa se presenta un paisaje particular; un sin fin de piedras apiladas en grupos de siete cubren varios kilómetros. La creencia es que antes de poner la última, el turista debe pedir un deseo y dejar un billete, para luego retirarse por siete minutos y volver. Si el dinero no está, el deseo debería cumplirse. Allí también se encuentra un puente natural de coral, una parada obligada. En fin, Aruba tiene todo lo que hace falta para disfrutar de unas vacaciones con todos los condimentos: playa, sol y emociones.



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