Una mano para Brasil

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El empate estaba al alcance de las manos de Argentina, pero fue una mano de Leandro Desábato (inocente e innecesaria) que la dejó sin nada. La Selección apostó al «catenaccio» con cinco defensores, tres volantes (sobre el final cuatro con la entrada de Somoza por Martínez) y un solo delantero, y las cosas le estaban saliendo como parecía.

Brasil sufría el partido, pero terminó disfrutando con el gol de Neymar de penal. Un viejo adagio del fútbol dice que «el que sólo se defiende pierde en el primer minuto o en el último», y eso le pasó a Argentina.

La Selección salió con un esquema cauteloso tratando de neutralizar al ataque brasileño y lo consiguió reduciendo los espacios. La idea de juntar 8 jugadores en campo propio se complementaba con una salida rápida por los costados, con las mandadas de Gino Peruzzi (que tuvo un buen debut) y Clemente Rodríguez, y así consiguió el gol.

Fue una jugada que trabó Hernán Barcos en tres cuartos de cancha y abrió para Clemente Rodríguez, el centro y la aparición del «Burrito» Martínez para definir. La Selección llevaba todas las de ganar, pero un error de marcación en una pelota detenida le permitió a Paulinho (que estaba en posición adelantada) empatar de cabeza.

Brasil presentó un esquema más tradicional, pero con Luis Fabiano como único neto de punta, aunque muy cerca de él Paulinho, Lucas y Neymar, que arrancaba de muy atrás y le costaba llegar al área.

En el segundo tiempo el partido siguió siendo discreto. Brasil no encontraba los espacios, y el equipo de Sabella se sentía cómodo con el esquema y el resultado, aunque tenía poca llegada en campo contrario, donde Hernán Barcos corría y luchaba en casi total orfandad, tanto que a los 30 minutos se fue fundido.

Menezes buscó variantes ofensivas , pero chocaban contra el bloque de cinco defensores. El empate parecía sellado, pero vino el centro, y Desábato puso la mano en su lucha con Leandro Damiao, y Brasil terminó festejando.

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