Una más que merecida goleada en contra

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El viernes, el Dow cerró con una baja del 0,46% en 9.686,48 puntos. Desde 2008 que no veíamos un siete a cero: siete ruedas consecutivas en baja. No es que esto signifique nada especial, pero es claro que algo así se da sólo por una improbable seguidilla de malas noticias, porque los precios de las acciones estaban excesivamente sobrevaluados (es cierto que del mínimo del 9 de marzo de 2009 el Dow gana un 48%, pero desde el máximo histórico del 9 de octubre de 2007 pierde un 32% y del máximo del 26 de abril, un 14%), o porque el humor de los inversores no encuentra motivos para mejorar. De todas estas razones, la más plausible parece ser la última, los inversores no encontraron motivos para ser optimistas respecto del futuro de las empresas y/o la economía norteamericana. En lo personal no somos de aquellos que piensan que el mercado siempre tiene razón, aunque sí creemos que en su momento la realidad se impone. Por esto siempre estamos abiertos a la posibilidad de que hoy, mañana o pasado las cosas den un giro de 180 grados. Con un sistema tan impredecible, ¿cómo se puede ganar entonces? Fácil: esto es como el fútbol: se pueden escoger los mejores jugadores (acciones) del mundo, se puede contratar al director técnico más famoso (administrador de cartera), se puede poner todo el dinero que haga falta y se pude tener muchísima suerte. Pero si por culpa de nuestra falta de realismo, no logramos armar un verdadero equipo (cartera), a la larga o a la corta vamos a salir castigados y con el rabo entre las patas.

Lo importante es entender que ganar no es lo mismo que salir primero. Gana el que juega bien, el que se divierte y, por sobre todas las cosas, el que aprende de sus errores.

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