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Una misa con los mineros coincidió con inesperada protesta contra Gobierno
Trabajadores de la mina de San José y sus familiares protestaron ayer porque el cierre del yacimiento les impide trabajar y cobrar sus indemnizaciones .
En medio del campamento en proceso de ser desmontado, tuvo lugar una celebración religiosa, que no fue en rigor una misa católica porque no todos profesan esa fe. Tres de los mineros tomaron la palabra: el boliviano Carlos Mamani, Omar Raygadas y el jefe de turno y último en salir, Luis Urzúa, que agradecieron a Dios por el desenlace del rescate.
«Oiga, caballero, yo he orado mucho por usted», contó Urzúa que una niña le dijo en los últimos días, detalle que le emocionó mucho. Los mineros narraron que los 70 días que estuvieron bajo tierra leían la Biblia y oraban, y aseguraron que muchas veces sintieron que tomaban la mano de Dios.
Algunos de los rescatados, como Ariel Ticona, se excusaron de participar, y avisaron que la noche previa en sus hogares y barrios los habían recibido con fiestas que se prolongaron hasta altas horas de la madrugada.
Por su parte, Reygadas desmintió que hubiera un pacto de silencio establecido antes de subir a la superficie.
«No hay nada que esconder, nosotros dentro lo pasamos como compañeros, nunca hicimos algo que nos avergoncemos. De lo que vamos a hablar lo haremos en grupo para que todos contemos la historia como fue», sobre los roces y disputas que hubo en los 17 primeros días en que nadie sabía si estaban con vida, aclaró.
La llegada de los mineros al campamento fue semejante a la de estrellas de cine. Un mar de periodistas se les vino encima, por lo que algunos tuvieron que abordar vehículos policiales para ingresar hacia un recinto custodiado, donde normalmente las familias recibían detalles del rescate por parte de las autoridades. A partir de allí no hubo acceso a la prensa.
Alguna vez, el campamento Esperanza llegó a albergar a más de 3.000 personas, entre familiares, trabajadores y periodistas. El minero Mario Gómez recorrió el campamento junto a su familia. «Estoy muy cansada, ahora nos llevamos todas las cosas. Esperamos que ahora empiece nuestra vida... ya no doy más», dijo Liliana, la esposa de Mario.
En uno de los cerros, bajo un sol inclemente, aún flameaban las 33 banderas -32 chilenas y 1 boliviana- que los representaron durante el rescate y que empezaban a ser retiradas.
Hasta la mina también llegó un grupo de trabajadores de la minera San Esteban, propietaria del yacimiento San José, reclamando la falta de atención hacia los más de 300 empleados que quedaron sin trabajo tras el accidente.
«San Esteban no somos 33, somos 300», rezaba un cartel, en tanto que otros hacían alusión al «show» mediático y reclamaban a Piñera que lo detenga. Los trabajadores piden que se les pague la indemnización y que sean asistidos para conseguir empleo.
Durante las labores del rescate, los dueños de San José -cuya empresa está inmersa en un proceso judicial que podría terminar en quiebra- no se mostraron por el yacimiento.
No obstante, en declaraciones al diario El Mercurio publicadas ayer, el dueño de la minera, Alejandro Bohn, dijo que llamó al ministro de Minería, Laurence Golborne, para felicitarlo por el rescate.
Agencias AFP y ANSA


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