4 de noviembre 2009 - 00:00

Una polémica que nació por el velo islámico

Según un informe de la Policía francesa, el burka era una prenda casi inexistente en el país hace una década, pero el incremento migratorio de origen musulmán y el auge del fundamentalismo permiten ver hoy el atuendo en las calles de Europa con cierta frecuencia.
Según un informe de la Policía francesa, el burka era una prenda casi inexistente en el país hace una década, pero el incremento migratorio de origen musulmán y el auge del fundamentalismo permiten ver hoy el atuendo en las calles de Europa con cierta frecuencia.
Roma y París - La decisión de la Corte Europea de Derechos Humanos contraria a la exhibición de crucifijos en las aulas de las escuelas italianas se inscribe en una ardua polémica en muchos países del continente por la utilización de símbolos religiosos, principalmente musulmanes. Con argumentos a un lado y otro del arco ideológico, distintos gobiernos, con el de Francia a la cabeza, han dispuesto hace años medidas como prohibir el velo en institutos educativos, y en los últimos tiempos el cuestionamiento llegó al burka y al burkini (bikini islámico).

Uno de los gobiernos más extremos en el combate al uso de distintivos musulmanes está siendo precisamente el de Silvio Berlusconi, que ayer reaccionó con indignación ante lo dispuesto por el tribunal europeo.

Berlusconi le declaró hace pocas semanas la guerra al burka, una modalidad radical del velo que extiende la cobertura en forma completa al rostro y el cuerpo de la mujer. La Liga Norte, partido regional aliado del oficialismo italiano, presentó a principios de octubre un proyecto que retoma una norma en vigor desde 1975 que prohíbe el uso de cascos, máscaras o cualquier otra vestimenta que impida el reconocimiento de la persona «sin motivo justificado». La propuesta penaliza con 2.000 euros y hasta dos años de cárcel a quien no cumpla la reglamentación.

«No somos racistas», se atajó Roberto Cota, jefe del bloque de la Liga Norte al presentar

la propuesta. Aunque parte de la oposición de centroizquierda del Partido Democrático tachó la propuesta de xenófoba, desde organismos de derechos humanos se observa el burka como un signo del sometimiento de las mujeres. En ese sentido, países con más tradición que Italia en materia de protección de derechos civiles, como Suecia y Holanda, ya han implementado medidas de ese tipo.

Pero en ningún otro país el debate alcanzó tantos decibeles como en Francia. Allí son los grupos de izquierda los que bregan con más énfasis por el laicismo en la vida pública.

Desde marzo de 2004, cuando el conservador Jacques Chirac era presidente, rige en Francia una ley de defensa del laicismo, que prohíbe que se lleven prendas o signos religiosos ostensibles a las escuelas públicas. Su sucesor, Nicolas Sarkozy, calificó la prenda en junio pasado como «signo de servidumbre, no religioso», e inició el estudio para su prohibición. Sin embargo, las posturas no son unánimes entre los ministros. El titular de Inmigración e Identidad Nacional, Eric Besson, afirmó estar «personalmente» en contra del burka, pero señaló que «cada uno es libre de hacer lo que quiera en la calle». En el otro extremo, la secretaria de Estado de la ciudad, Fadela Amara, ex líder del grupo feminista Ni Putas, Ni Sumisas, calificó al manto como «ataúd que mata las libertades fundamentales».

La iniciativa parlamentaria antiburka partió del diputado comunista André Gerin, que también es alcalde de Vénnissieux, un municipio cercano a Lyon, al sur del país, con alta presencia de fundamentalistas musulmanes.

El combate incluso llegó el verano pasado al burkini, un denominado bikini musulmán que sólo deja al descubierto manos, pies y parte de la cara. Un natatorio municipal de la localidad de Emereainville, al este de París, prohibió la entrada a una mujer con esa prenda para nadar.

El debate también cruzó a España, uno de los países europeos con mayor presencia de simbología y preceptos católicos en organismos y escuelas públicos, que encontró una inédita avanzada en sentido inverso del socialista José Luis Rodríguez Zapatero. El opositor Mariano Rajoy, firme defensor de la educación católica en las escuelas públicas, llevó en su programa electoral de 2008, en comicios en los que perdió con Zapatero, la propuesta de prohibir el velo en colegios.

Agencia EFE, El Mundo y Ámbito Financiero

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