5 de diciembre 2013 - 00:00

Una potencia política y militar

• La creación de Hizbulá en 1982 fue impulsada por Irán tras la invasión israelí del Líbano, y se mantuvo en combate hasta la retirada de las torpas extranjeras en 2000. Esa lucha, junto a su sólida red de ayuda social, lo convirtió en una fuerza de gran popularidad, sobre todo entre los chiitas, que constituyen cerca del 30% de la población del país.

• Sobre la organización pesan acusaciones de terrorismo. Junto a Irán están señalados como los autores del atentado que destruyó el edificio de siete plantas de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en el que, además de los 85 muertos, 300 personas resultaron heridas, en julio de 1994.

• En 2006, Hizbulá secuestró a dos soldados israelíes en la frontera común. El Estado de Israel lanzó en represalia una ofensiva devastadora, que sin embargo no consiguió aniquilar al movimiento, que se presentó en consecuencia como el vencedor del conflicto. Si bien la ofensiva israelí se terminó con un saldo de 1.200 muertos, en su mayoría civiles del lado libanés, y 160 muertos del lado israelí, en su mayoría militares, Israel no logró doblegar al movimiento chiita.

• En 2008, durante enfrentamientos entre sus hombres y los del sunita Saad Hariri, Hizbulá tomó durante unos días el sector oeste de Beirut, de mayoría musulmana. De ese modo confirmó su imagen de potencia militar, pero su imagen de defensor de la nación se deterioró.

• Las acusaciones del Tribunal Especial para Líbano (TEL) contra cuatro miembros de Hizbulá, que considera involucrados en el asesinato del ex primer ministro Rafic Hariri, también han afectado su imagen si bien el grupo afirma que se trata de un complot. Su apoyo al presidente sirio Bashar al Asad y la participación de sus tropas de elite en combates junto con el ejército sirio también afectaron su imagen.

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