22 de mayo 2009 - 00:00

Una pulseada desigual

Una pulseada desigual
Un incremento de precios de al menos un 25%-30% necesita la leche para poder competir en esta campaña con la refortalecida soja, y así evitar un nuevo desplazamiento de la actividad, como el que se viene dando en los últimos ciclos.

Los principales analistas son coincidentes: a pesar de la baja que se está registrando en el precio de los principales insumos, el litro de leche en tranquera de tambo debe avanzar hasta alrededor de $ 1 por unidad, desde $ 0,70-0,75 actuales, para posibilitar una cierta recomposición de la actividad.

En el sector lácteo la cantidad de establecimientos viene bajando en caída libre desde principios de la actual década, hasta los aproximadamente 10.000 establecimientos que subsisten en la actualidad (había 16.000 en 2002). En las condiciones económicas de hoy los tambos no pueden evitar ser «corridos» por la agricultura, especialmente, por la soja.

Más aún, los márgenes agrícolas de todos los cultivos, en todas las zonas centrales de producción, y con rendimientos promedio, superan los resultados económicos que hoy puede obtener el tambo. La excepción recién aparece en los planteos de muy alta producción de grasa butirosa (GB) por hectárea (+ de 200 kilos), donde los guarismos comienzan a emparejarse.

Según la analista María Alejandra Linares Figueroa, del Departamento de Investigaciones y Desarrollo de AACREA, «para que el tambo pueda competir con la soja, prácticamente tiene como única opción la del aumento en los precios de la leche». Es que la otra alternativa, el aumento de carga por hectárea, resulta prácticamente inviable por las actuales condiciones climáticas (falta campo por la sequía) y económicas que hoy presenta la actividad, mientras que la variable de equilibrar los ingresos vía el incremento de la relación rinde/vaca arroja un inalcanzable nivel de 78 litros.

Sin embargo, las perspectivas de la lechería local son mucho más sombrías aún, a pesar de la recomposición del escenario internacional que se prevé a partir de la superación de la actual crisis económica, que se considera coyuntural o de corto-mediano plazo; y de que el país figura entre los 3-4 únicos con posibilidades (agroclimáticas y de territorio) de tener un crecimiento importante de la producción, junto con los Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia.

Aunque mejoraran sensiblemente los principales factores internos que hoy aparecen como negativos (clima y rentabilidad), igual sigue subsistiendo el más importante, y que es el que habría determinado buena parte de los cierres de establecimientos en los últimos tiempos: la falta de expectativas y de confianza en la estabilidad de las reglas de juego oficiales para la actividad.

Dicho de otra forma, los productores están cansados, ya no creen y no parecen dispuestos a seguir invirtiendo en «producciones políticas», y la leche, junto con la carne y el trigo, se ubican en el punto más alto de esta calificación.

Si bien el tambo no es la única actividad en jaque, de hecho, el trigo se encuentra apenas por encima, y tanto el maíz como el girasol, aunque con mejores guarismos, tampoco salen en general bien parados frente a la soja (ver cuadro), la gravedad de su caso se centra en la costosa -y hasta imposible- recomposición después que se desarman los planteles y se desguasan los años de genética acumulados en cada vaca lechera. A diferencia de la agricultura, que puede recomponerse en una campaña, cuando las condiciones y perspectivas son alentadoras, en el tambo tal posibilidad es casi imposible de lograr antes de 3-4 años, y siempre que medien muy grandes inversiones.

Por eso ahora la intensidad del achicamiento que se prevé va a depender, exclusivamente, de la variable climática, no va a haber inversiones, y sólo algunos de los establecimientos más grandes piensan en agrandar extensión a partir de las rebajas que se están operando en los arrendamientos.

Como punto «a favor» figura el hecho de que el trigo tampoco resulta una alternativa interesante en esta campaña como para «correr» a la lechería. Más aún, por poco casi tiene la mala renta del tambo.

Debido a esto, se puede esperar un invierno con un nivel de cierres de tambos similar al de los últimos meses, que se podría acentuar recién para cuando comience la cosecha gruesa, y siempre y cuando se normalicen las precipitaciones para entonces, permitiendo avanzar con la agricultura, básicamente de soja, que es lo que se espera.

El cambio drástico de este panorama vendría de la mano de la mejora «real» en los precios de la leche, a $ 1 por litro, tal como se comprometió desde el año pasado. Sin embargo, ya quedan pocos que crean que esta posibilidad existe, después de casi 4 años de medidas que vienen golpeando a la producción, desde aquel agosto de 2005 cuando le incrementaron las retenciones, y los tambos no volvieron más a recuperar el terreno perdido.

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