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Una pulseada desigual

Aunque mejoraran sensiblemente los principales factores internos que hoy aparecen como negativos (clima y rentabilidad), igual sigue subsistiendo el más importante, y que es el que habría determinado buena parte de los cierres de establecimientos en los últimos tiempos: la falta de expectativas y de confianza en la estabilidad de las reglas de juego oficiales para la actividad.
Dicho de otra forma, los productores están cansados, ya no creen y no parecen dispuestos a seguir invirtiendo en «producciones políticas», y la leche, junto con la carne y el trigo, se ubican en el punto más alto de esta calificación.
Si bien el tambo no es la única actividad en jaque, de hecho, el trigo se encuentra apenas por encima, y tanto el maíz como el girasol, aunque con mejores guarismos, tampoco salen en general bien parados frente a la soja (ver cuadro), la gravedad de su caso se centra en la costosa -y hasta imposible- recomposición después que se desarman los planteles y se desguasan los años de genética acumulados en cada vaca lechera. A diferencia de la agricultura, que puede recomponerse en una campaña, cuando las condiciones y perspectivas son alentadoras, en el tambo tal posibilidad es casi imposible de lograr antes de 3-4 años, y siempre que medien muy grandes inversiones.
Por eso ahora la intensidad del achicamiento que se prevé va a depender, exclusivamente, de la variable climática, no va a haber inversiones, y sólo algunos de los establecimientos más grandes piensan en agrandar extensión a partir de las rebajas que se están operando en los arrendamientos.
Como punto «a favor» figura el hecho de que el trigo tampoco resulta una alternativa interesante en esta campaña como para «correr» a la lechería. Más aún, por poco casi tiene la mala renta del tambo.
Debido a esto, se puede esperar un invierno con un nivel de cierres de tambos similar al de los últimos meses, que se podría acentuar recién para cuando comience la cosecha gruesa, y siempre y cuando se normalicen las precipitaciones para entonces, permitiendo avanzar con la agricultura, básicamente de soja, que es lo que se espera.
El cambio drástico de este panorama vendría de la mano de la mejora «real» en los precios de la leche, a $ 1 por litro, tal como se comprometió desde el año pasado. Sin embargo, ya quedan pocos que crean que esta posibilidad existe, después de casi 4 años de medidas que vienen golpeando a la producción, desde aquel agosto de 2005 cuando le incrementaron las retenciones, y los tambos no volvieron más a recuperar el terreno perdido.


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