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Una singular visión de la obra de Dávila
«Ventana», obra de 1968 de Miguel Dávila, que integra la muestra «Pasión y Riesgo - Fenómeno Oculto de la Creación», en el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson, de San Juan.
Su directora, Virginia Agote, en su texto «Construir un museo, tener un proyecto», cita a Domingo Faustino Sarmiento quien en «Recuerdos de provincia» le pide a Procesa recolectar los cuadros dispersos y formar la base de un museo de pintura, idea surgida cuando visitó más de cien museos en Europa. Fueron precisamente Sarmiento y el pintor Benjamín Franklin Rawson quienes dieron impulso a la actividad artística de la provincia.
Visión de futuro tuvieron aquellos que lo inauguraron en 1936 y los que en 1941 compraron las doce primeras obras de artistas argentinos contemporáneos mediante un subsidio nacional. Muchos avatares, entre ellos el terremoto de 1944, impidieron la concreción de un espacio propio y definitivo hasta este momento en que se podrá cumplir con sus funciones específicas.
La colección permanente es extraordinaria, presentada en un contexto didáctico, un montaje acorde con obras de la Escuela Cuzqueña, obras cuyanas del siglo XIX, retablos anónimos, una obra atribuida a Rubens, obras maestras, entre ellas Alice, Pettoruti, Berni, Forner, Victorica, Guttero, Gómez Cornet, Spilimbergo, Basaldúa, Centurión y Seoane, hasta nuestros días en imágenes de Ferrari, Castagna, Prior, Melé, Gorriarena, Quiroga y Pérez Dávila.
La sala destinada a exposiciones temporarias alberga actualmente «Pasión y Riesgo - Fenómeno Oculto de la Creación», una selección de obras de Miguel Dávila (La Rioja, 1926 - Buenos Aires, 2009) bajo la curaduría de Alejandro Dávila, celoso guardián y profundo conocedor de su obra «como espectador, aprendiz e hijo», según sus palabras de homenaje. Abre la muestra «Figura» (óleo, 1953), sobre el que Manuel Mujica Láinez resalta el verde y el azul de la figura, la suntuosidad de la composición, con reminiscencias del maestro Leopoldo Presas.
Hacia 1959 surgen cambios rotundos como el Primer Premio Adquisición del Salón Domingo F. Sarmiento en San Juan, una visión americanista del paisaje. 1961-62, años de riesgo, palabra que sobrevuela toda la muestra. Regresa de Europa donde se ha enriquecido en contacto con un medio artístico renovador. Una mayor abstractización de la imagen, un cromatismo más restallante.
Ingresa Dávila en la Neofiguración, un momento clave de los 60, lo que no significa encasillarlo pero la convulsión de esos tiempos no puede no reflejarse en el tremendismo de esos seres que gritan a través de la deformación de la figura. Dávila se sale del plano bidimensional y hacia los 70
incluye un repertorio de elementos no convencionales que expresan el riesgo constante con el que aborda sus presentaciones.
En conversación con el crítico Raúl Vera Ocampo en 1975 lo señala: «busco, con cada cuadro, emprender una propuesta distinta y determinar una problemática, también diversa». En muchas de sus obras en las que la figura humana tiene un papel principal, hay un mundo zoológico, un juego de la relación hombre-animal que lo transporta a un mundo onírico.
Recordamos una muestra de 1994, «Paisajes», en la que dominaba una estructura vertical de formas delgadas, árboles, en los que se establecía la exaltación del color, una luminosidad mística que contrariaba la dominante de los 90, despojamiento del aura y la desacralización de la obra de arte.
Dávila fue un gran fotógrafo que con su cámara tomó la totalidad de su obra. La fotocopió, rasgó y ensambló, recreando lo creado. También en los 90 descubrió los infinitos mensajes de los muros, de los graffiti, de las propagandas, las asperezas del ladrillo y los efectos del paso del tiempo.
Dávila se identificó con Picasso cuando dijo «que había que intentarlo todo, abrir la tierra al conocimiento total, todo debería prestarse a convertirse en pintura». Al recorrer esta importante retrospectiva, se comprueba el camino elegido por este artista, apartarse de la fugacidad y la rapidez, de la sucesión vertiginosa y mecánica de imágenes, del tiempo devorador. Clausura el 21 de octubre.


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