11 de octubre 2011 - 00:00

Una transferencia como la de Maradona

Tuve la suerte de conocer a Tom Sargent en 2003, cuando realizaba el doctorado en la Universidad de Chicago. Ya había concluido con todos los cursos requeridos y en ese entonces buscaba un tema para mi tesis. Durante ese frío invierno, Sargent vino a la universidad como profesor visitante desde Stanford, antes de mudarse de la costa oeste a Nueva York. Lo que se rumoreaba en esa época era un pase extraordinario en el mercado de economistas, algo así como la transferencia de Maradona de Boca al Barcelona. Las malas lenguas decían que la Universidad de Nueva York estaba buscando comprar un Premio Nobel y por eso lo contrató a Sargent.

Sargent dictó dos cursos de posgrado ese trimestre, uno de Macroeconomía para el primer año y otro de segundo, en la secuencia de Dinero y Bancos. Como muchos otros alumnos avanzados me «colé» a sus clases, lo cual generó un problema de espacio rápidamente. En las aulas era todo un profesor. Calmado, seguro y siempre dispuesto a ayudar y a contestar las preguntas de los alumnos. Y digo ayudar porque a diferencia de muchos otros profesores que encontré en mis años en Chicago, Sargent no respondía directamente la pregunta, sino que guiaba al alumno en un proceso mental que lo llevaba a responderse la pregunta a sí mismo. En los seminarios era temible y no tenía la misma paciencia con el expositor que con sus alumnos en clase. Si algo estaba mal, no se le escapaba y tampoco te dejaba escapar.

Cuando terminó el trimestre, Constantino Hevia (otro argentino en Chicago) y yo fuimos invitados por Sargent y su colega Lars Ljungqvist para trabajar como asistentes de investigación en un proyecto sobre las causas del desempleo en Europa, una de las variadas agendas de investigación. El trabajo de Sargent en economía es extraordinario. Sus contribuciones principales incluyen trabajos en economía monetaria como «Algunas poco agradables aritméticas monetaristas» y «El fin de las cuatro grandes inflaciones», sus más modernas contribuciones a los modelos de valuación de activos con modelos robustos, donde los agentes económicos enfrentan incertidumbre sobre cuál es el modelo correcto o con eventos catastróficos, o su clásico y controversial documento «¿Es la economía keynesiana un camino sin salida?», escrito en 1977, el cual seguramente va a dar mucho que hablar en los próximos días cuando salgan a criticar al comité del Nobel por su elección. Sargent es, junto con Robert E. Lucas, el principal referente de la revolución de las expectativas racionales.

Sargent es una mente brillante. Un verdadero pionero que sigue empujando la frontera del conocimiento.