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Una vez más, Lula opta por Caracas
Si bien éstas fueron reacciones típicas del mandatario venezolano frente a dos ingredientes que siempre le provocan dolor de estómago (por un lado, EE.UU. y la instalación de tres bases militares en Colombia; por el otro, las FARC, y el hallazgo, en su poder, de armas suecas pertenecientes a las FF.AA. venezolanas), no lo fue, en cambio, la reacción del Gobierno del Brasil.
Es que el canciller brasileño Celso Amorim, en vez de permanecer neutral, había inclinado la balanza en favor de Caracas, al manifestar que «sería bueno que Colombia diga transparentemente de qué se trata» (en referencia al acuerdo militar con EE.UU. por las bases de Apiay, Palanque y Malambo). No fue todo. El miércoles, Amorim agregó un poco más de combustible. «La presencia de tropas de países que no pertenecen a la región siempre preocupa y debe ser explicada», señaló.
Como si esto no bastara, el Gobierno de Venezuela difundió parte de la conversación telefónica entre Chávez y Lula, en la que hablaron de la «amenaza» de las bases militares en Colombia. ¿Se comunicó Lula con el presidente Álvaro Uribe? No. Y de hacerlo, no había trascendido al momento del cierre de esta edición.
Lo que sí se dio a conocer fue el viaje de tres días a Caracas que hoy inicia Marco Aurelio García. Con un solo objetivo: hablar con Chávez. Y en rol de bombero, de acuerdo con las declaraciones de García a Valor Económico: «Nuestra posición es que las personas bajen el tono».
Mientras tanto, fuentes de Itamaraty dicen que están decepcionadas con Bogotá «por no haberle comentado las negociaciones con Washington» ni a Brasilia ni al recién creado Consejo de Defensa de la Unasur. (Ayer, Lula y la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, propusieron llevar el tema a la reunión del 10 de agosto de la Unasur en Quito, en otro gesto ante Uribe.)
Consultado por Ámbito Financiero, Diego Guelar -ex embajador en Brasil (1995-1997) y secretario de Relaciones Internacionales de PRO- cree que «esta molestia de la Cancillería en Brasilia se debe a resabios de la antigua posición confrontativa que tuvo Brasil con EE.UU., que ahora, en cambio, es una verdadera sociedad estratégica en la región».
La prensa brasileña, por su parte, objeta la posición pro Chávez que tiene en esta crisis el Gobierno de Lula. Ayer, en un editorial, el paulista Valor Económico deslizó que Brasil «había entrado como actor de reparto en la novela andina» de Chávez y Uribe, movido por intereses económicos, ya que la industria alimentaria brasileña «viene ocupando los espacios dejados por los colombianos por causa del bloqueo económico» (impuesto por Caracas en 2008). En la misma tesitura, la influyente periodista Miriam Leitao calificó la postura adoptada por Itamaraty como 'insensata».
Para Diego Guelar, en cambio, el análisis es más simple: «El liderazgo de Brasil es indiscutible y cada vez más importante, pero no se puede ser líder y mediador al mismo tiempo». De lo que no cabe duda es que por esta fricción entre Caracas y Bogotá, en la que Brasilia metió la cuña, se enfrían las relaciones brasileño-colombianas, que el flamante canciller Jaime Bermúdez había comenzado a reforzar. Con la idea, claro, de que Brasil, como potencia regional, era el único país con capacidad para influir sobre sus dos complicados vecinos: Chávez y Correa.


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