19 de marzo 2010 - 00:00

Una vuelta con salud y algo menos de swing

Charly García estrenó en el Luna sólo una novedad, «La medicina», un tema soul de inspiración relativa. Lo demás fueron 30 títulos de épocas distintas.
Charly García estrenó en el Luna sólo una novedad, «La medicina», un tema soul de inspiración relativa. Lo demás fueron 30 títulos de épocas distintas.
«Actuación de Charly García (voz, piano). Con Hilda Lizarazu (coros), Fabián Quintiero (teclados), Carlos García López (guitarra), Antonio Silva (batería), Kiuge Hayashida (guitarra) y Carlos González Vázquez (bajo). Creación, dirección y producción artística: Alejandro Baldinúy Gabriela Baldini. (Luna Park, 17 de marzo; repite 19/3 y 3/4).

La lluvia había frustrado buena parte del show -cuanto menos, todo lo concerniente a la puesta de Pichón Baldinú- que hizo Charly García para su retorno triunfal en la cancha de Vélez, en octubre pasado. De modo que, después de algunos conciertos durante el verano fuera de Buenos Aires, el retorno tenía el valor simbólico extra de reencontrarse con un público que le guarda una fidelidad a prueba de todo. «El próximo concierto lo voy a hacer en una gruta», dijo García a poco de comenzar, considerando que también llovía esta vez aunque todo sucediera bajo techo.

Pero la frase marcó el humor de un músico al que se nota feliz de estar plenamente en la ruta otra vez. Regordete, con una gestualidad algo extraviada a la que cuesta acostumbrarse, con su chispa y su sarcasmo en proceso de readaptación, Charly es como una extraña imitación de sí mismo. Ya no rompe cosas, ni se mueve vertiginosamente sobre el escenario, ni cambia constantemente de instrumentos y de micrófonos, ni molesta con desplantes o retrasos fuera de programa. Lo suyo actual es la prolijidad. Esa misma que le está permitiendo mejorar su salud y entregar, a la vez, un show menos intenso.

Lo del Luna fue prácticamente lo mismo de Vélez, aunque con los detalles de puesta -trajes de papel de los músicos, bailarinas acróbatas «volando» sobre el público, escenografía algo fantasmagórica- que entonces habían fracasado. Respecto de la lista de temas, hubo una única novedad, «La medicina», un tema soul de inspiración relativa. Lo demás, fueron 30 títulos de épocas distintas. No faltaron clásicos como «Demoliendo hoteles», «Promesas sobre el bidet», «No soy un extraño», «Cerca de la revolución», «Rezo por vos» -el mejor momento de la noche-, «Yendo de la cama al living», «No voy en tren, voy en avión» -en versión reformulada-, «Adela en el carrousel», «Fanky», etc. Reaparecieron otros que tenía más abandonados, como «Filosofía barata y zapatos de goma» o «Nuevos trapos» -»de cuando era moderno», dijo-. Hizo sus más cercanas en el tiempo «Influencia» o «Deberías saber por qué». Y tuvo dos invitados especiales: sus amigos León Gieco para «Los Salieris de Charly» y «El fantasma de Canterville» -»zapada» y fuera de programa-, y Pedro Aznar, para «Perro andaluz» y algunos fragmentos de «Seminare». García cantó -a veces con algunos problemas de afinación producto de la impostación vocal, sobre todo en los temas más lentos- y tocó el piano de cola -aunque mucho menos que otras veces-. Todo lo hizo con solvencia aunque pareciera que todavía falta algo en el terreno de un «swing» que le conocimos.

El respaldo sonoro quedó entonces en una banda que está aceitada, con la base de los tres músicos chilenos, con los solos de guitarra -algo sobreactuados- del «Negro» García López, con los teclados del Zorrito Quintiero y con los coros de la correcta pero exageradamente histriónica Hilda Lizarazu. El otro respaldo, el espiritual, quedó para una multitud que llenó el estadio y que volverá a hacerlo en las funciones que faltan.

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