17 de abril 2013 - 00:00

Vacas flacas para las elecciones

En las últimas cuatro elecciones legislativas y presidenciales, la estrategia oficial ha sido acelerar el aumento del gasto público en unos 5 puntos porcentuales, promedio, con la excepción de 2007 en que fue el doble. Pero la diferencia con la actualidad es que esos eran años de vacas gordas. Ahora no hay tanto margen como para expandir el gasto descontroladamente. Por algo, en los primeros meses de 2013 el Gobierno ha moderado el gasto discrecional ante la significativa baja del nivel de actividad y por ende de los ingresos tributarios.

En 2005, en el primer test electoral legislativo del Gobierno de Néstor Kirchner, la estrategia fue acelerar el aumento del gasto público en seis puntos porcentuales, ya que venía creciendo al 20% y pasó al 26% anual. Los principales factores que explicaron el aumento fueron el gasto de capital, que pasó de un ritmo del 30% al 69% anual, los subsidios del 12% al 20% y las jubilaciones, que pasaron de crecer del 9% al 14%. El balance electoral fue positivo para el Gobierno y el resultado primario del Tesoro no se alteró.

Luego, en las elecciones presidenciales de 2007, pisaron el acelerador y llevaron la tasa de crecimiento anual del gasto público del 40% al 50%, o sea, diez puntos porcentuales más. Los aumentos se concentraron en los gastos de capital que venían creciendo al 27% y los llevaron al 80%; y en segundo término el otro culpable del mayor gasto público fueron los subsidios, que de crecer al 41% los elevaron al 95%. El saldo electoral fue netamente positivo y encumbró a Cristina de Kirchner en el sillón de Rivadavia, pero se redujo el superávit fiscal, que pasó del 3,4% del PBI al 2,8%.

Dos años más tarde, en las legislativas de 2009, nuevamente la estrategia llevó a elevar el ritmo de crecimiento del gasto público en 5 puntos porcentuales, del 27% al 32% anual. Y como en 2007, todo se concentró en mayores gastos de capital (pasaron de crecer del 31% al 42% anual) y en los subsidios, que crecían al 6% y pasaron a hacerlo a una velocidad anual del 20%. El resultado electoral fue catastrófico (conflicto con el campo y crisis financiera internacional) y ya se encendieron las alarmas fiscales al bajar fuerte el superávit del Tesoro de un 2,1% al 0,5% del PBI. Vale recordar que se desaceleró fuertemente el aumento de la recaudación tributaria en más de la mitad de lo que venían creciendo.

El último registro son las elecciones presidenciales de 2011, donde también el Gobierno kirchnerista aumentó el gasto público en 5 puntos porcentuales, de un 32% anual al 37%. En ese período concentró el aumento en los gastos de capital, que pasaron de crecer de un 25% anual al 56%; luego en salarios, que de subir el 26% pasaron al 36%; y en jubilaciones, del 34% al 39% anual. Cristina consiguió la reelección, pero la táctica de Néstor implicó un fuerte aumento del déficit de un 0,2% del PBI al 0,7%.

Las estimaciones elaboradas por M&S Consultores en base a datos de la Secretaría de Hacienda dan cuenta que la política fiscal preelectoral implementada entre junio y julio de las últimas cuatro elecciones legislativas y presidenciales se basó en elevar el ritmo de aumento promedio del gasto público en más de seis puntos porcentuales anuales.

Por lo visto hasta ahora, en 2013 el estancamiento de la recaudación en términos reales no permitiría financiar una política más expansiva. En el primer trimestre, de acuerdo con estimaciones del Estudio Broda, la recaudación tributaria sólo crece un 0,3% en términos reales gracias al congelamiento de precios implementado por el secretario Guillermo Moreno, porque de lo contrario hubiera dado una leve caída. Por ello, se especula con que el Gobierno planee en los próximos meses aumentar a un mayor ritmo el "gasto de caja" que moderó en el primer trimestre. De esta manera ampliará el déficit a financiar. Es así como el gasto devengado en subsidios mostró una fuerte suba en la primera parte del año, lo que repercutirá en el gasto de caja. Por ejemplo, el total de subsidios económicos aumentó más del 84% anual, del cual casi el 60% corresponde a los subsidios vinculados a la energía, el 27% a los vinculados al transporte y el resto a otras empresas públicas como AySA, ARSAT, Télam, ONCCA, etc.

Por último hay que tener en cuenta que desde 2003 a la fecha el gasto público consolidado aumentó casi 18 puntos del PBI, al pasar de un 29% a más del 48% del PBI estimado para este año (el de la Nación creció casi 12 puntos).

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