29 de abril 2009 - 00:00

Vacuna y antivirus: cuatro laboratorios en carrera

Cuatro de los laboratorios más grandes del mundo están en carrera para encontrar la cura o la vacuna contra la gripe porcina, pero también para cosechar los enormes beneficios que les reportará la venta de esos productos medicinales.

Se trata del suizo Roche (que ya vende el antivirus Tamiflu), el británico GlaxoSmithKline (que compite con el Relenza), el también helvético Novartis (al que la Organización Mundial de la Salud le habría pedido que desarrolle la vacuna) y el estadounidense Baxter (que promete tener la vacuna lista en un plazo de tres a seis meses).

Stock

A nivel local, Roche asegura contar con stock suficiente de Tamiflu, el antígeno apto para tratar los casos más graves de la enfermedad. El medicamento no podrá ser comprado en farmacias: su distribución quedará en manos del Ministerio de Salud de la Nación, un organismo que -al menos en la presente epidemia de dengue, a la que el brote en México parece haber relegado a un segundo plano- no ha demostrado una alta eficiencia en el tratamiento de emergencias sanitarias.

A nivel global, Roche y Glaxo desarrollaron sus antivirus para combatir la gripe aviar (SARS), que -según la mayoría de los expertos- serían también efectivos para dar la batalla contra la reciente gripe porcina (H1N1); las drogas se denominan respectivamente zanamavir y oseltamivir. Sin embargo, en la Argentina sólo el primero cuenta con existencias de su antivirus Tamiflu ya que Glaxo no lo importó y seguramente destinará sus existencias a los países con los casos más numerosos y graves.

Los medicamentos antivirus no sólo reducen la duración y la gravedad del curso de la gripe, sino que también protegen contra las variedades «comunes» de la enfermedad; la mala noticia es que esa protección no es muy prolongada.

Por ahora, ambas empresas (Glaxo es el tercer laboratorio a nivel mundial por ventas; Roche, el cuarto) parecen seguir el camino inverso al que recorren los mercados: sus acciones subieron hasta el 6% en la jornada de ayer. También la acción de Gilead Sciences, que desarrolló el Tamiflu y le vendió la licencia en forma exclusiva a Roche, ganó el 3%.

El tema de la vacuna específica contra esta nueva gripe es diferente: los laboratorios que aspiran a desarrollarla lo hacen porque estimaciones conservadoras indican que -en caso de que se desate una pandemia grave- habría que inocular al menos al 20% de la población mundial (unos 2.000 millones de personas), lo que será un negocio espectacular.

Sencillo

Esos expertos afirman también que el hecho de que el virus de la gripe porcina se contagie de persona a persona hace más sencillo descubrir la vacuna, a diferencia de lo que sucedió con la gripe aviaria, que sólo se transmitía de animal a humano. Como esa gripe no explotó, la investigación para hacer la vacuna se descontinuó, lo que no sucedería ahora.

Así, Baxter ayer hizo el temerario anuncio de que en menos de tres meses estará en condiciones de ofrecer una vacuna contra la gripe porcina. Por su parte, Novartis afirmó que la Organización Mundial de la Salud se había puesto en contacto para pedirle que elabore una vacuna contra la gripe porcina; la respuesta: mándennos cepas del virus y sepan que -si bien el desarrollo de una vacuna antigripal tarda entre tres y seis meses- aún es imposible evaluar cuánto tiempo insumirá hacer una vacuna efectiva contra esta nueva especie.

Esto es especialmente cierto si se toma en cuenta la historia. En las grandes pandemias de las que se tiene registro (la de 1918, la de 1957 y la de 1968) los primeros brotes fueron por lo general benignos: se registraban muchos casos, pero en su mayoría eran leves y de recuperación espontánea. Seis meses después, cuando el virus hubo «aprendido» a adaptarse mejor al ser humano (por provenir de otras especies, como aves o cerdos), la benignidad del brote se convirtió en masacre.

El temor de los expertos es doble: que se esté a las puertas de un clásico brote «benigno», que no sería otra cosa que el preludio para una situación mucho más grave, y que las vacunas que se desarrollen en el presente estadio de la enfermedad no resulten efectivas para la variante más letal que podría sobrevenir en el futuro cercano.

En este caso hay buenas noticias: el mundo está hoy -según todos los sanitaristas- mucho mejor preparado para enfrentar una pandemia, no sólo porque los medios de comunicación permiten llegar rápidamente a un estado de alerta y preparación impensable en el pasado, sino además porque la ciencia también está mucho más veloz en el descubrimiento y tratamiento de las enfermedades infecciosas.

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