Lima - El escritor peruano Mario Vargas Llosa ironizó sobre el cuestionado patrimonio de la presidente Cristina de Kirchner y su esposo Néstor Kirchner, al subrayar que ellos no se enriquecieron «por codicia» sino «para dar una lección ideológica práctica a su pueblo».
En su columna «Piedra de Toque», publicada ayer por el diario El Comercio de la capital peruana, Vargas Llosa calificó al matrimonio Kirchner de «dos capitalistas ejemplares, que no sólo sortearon felizmente la crisis que descuajeringaba a sus colegas sino que, en estos tiempos de tragedia y quebrantamiento, consiguieron multiplicar (entre 2003 y 2008) siete veces su capital».
A continuación, los aspectos más importantes del artículo:
Los esposos Kirchner, ambos abogados, eran ya en 2003, cuando don Néstor asumió la presidencia de su país, bastante prósperos. Tenían 23 inmuebles, que alquilaban, y cuentas bancarias. Este patrimonio se fue revaluando mediante la compra, rehabilitación y venta de inmuebles y sagaces inversiones financieras.
Pero las operaciones, rayanas en la genialidad, que hicieron de verdad la fortuna de la pareja, tuvieron como escenario la muy bella localidad de El Calafate. Pues bien, gracias a la generosidad del alcalde del lugar, un caballero llamado Néstor Méndez, los Kirchner compraron en 2005 unos terrenos de 60.000 metros cuadrados, pagando 69 centavos de euro (u$s 0,97 centavos) por metro cuadrado. Al año siguiente los revendieron ¡a 50 euros (u$s 71) el metro cuadrado! Así financiaron el lindo hotel El Calafate.
Ese mismo año se hicieron dueños de otros 129.000 metros cuadrados (a 69 centavos de euro por metro cuadrado) y los revendieron, pocos meses después, a 50 y a 57 euros (u$s 71 y u$s 80) el metro.
El mérito de los esposos Kirchner es tanto mayor si se tiene en cuenta que, a ellos, a juzgar por los discursos con que suelen hipnotizar a los electores que los llevaron al poder y que he tenido la ocasión de padecer, el capitalismo no les gusta nada. Más todavía, son sus encarnizados adversarios. Y abominan de él porque lo consideran explotador, egoísta, abusivo y corruptor.
Sus corazones son de izquierda (sólo sus bolsillos y los vestidos de doña Cristina son de derecha), y por eso a muchos capitalistas, durante sus dos gobiernos, además de injuriarlos, les han hecho pasar muy malos ratos, nacionalizándolos, abrumándolos con regulaciones y nuevos impuestos, al extremo de que la fuga de capitales en la Argentina, alcanzó sólo en el primer semestre de este año los 7.860 millones de euros (u$s 11.161 millones).
Mientras la empresa Kirchner hacía pingües negocios, el capitalismo se desmoronaba en la Argentina y ganaba terreno esa peculiar filosofía de los esposos gobernantes según la cual no hay contradicción alguna en ejercitar y aprovecharse de un sistema odioso, al mismo tiempo que se obra desde el Gobierno por su ruina y extinción.
Su conducta responde a un propósito laberíntico, semejante a esas deslumbrantes y sutiles construcciones intelectuales de los cuentos de su compatriota Jorge Luis Borges. Un propósito altruista y pedagógico destinado a mostrar, en carne viva, inmolándose en el intento, lo sucio y pestilente que es el sistema capitalista, pues permite a un par de políticos del común volverse millonarios en un plazo brevísimo, pese a las inclemencias y zozobras que vive su país.
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