4 de mayo 2015 - 00:00

“Vender en mayo”, la maldición que Wall Street sale a combatir

¿Vender en mayo? Abril cerró en baja, como descascarándose "in crescendo", con un jueves sangriento. Pero Wall Street resucitó el viernes, estrenó mayo con toda pujanza, y dejó claro que no se entrega, que está dispuesto a luchar contra la maldición del "sell in May". A la hora de cotizar refranes bursátiles -que son, a la vez, consejos prosaicos- talló más alto aquel que dice que "toda baja es oportunidad de compra". No era fácil de prever, pero las órdenes llegaron. Y los compradores buscaron ex profeso los papeles más castigados. Las acciones de biotecnología -tomando como referencia la canasta NBI que transa en el NASDAQ- rebotaron el 2,9% y cortaron una racha de cinco jornadas consecutivas en rojo pronunciado. Aun así, perdieron el 5,5% en la semana. Desde marzo 2014 que no recibían una golpiza de tamaño calibre. Que den pelea, después de semejante maltrato, retrata bien la fogosidad de los inversores, una brasa que los contratiempos no apagan.

Conviene mirar el podio semanal en Chicago para darse cuenta además de que atravesamos una semana singularísima. Gas natural, cobre y jugo de naranja fueron los futuros más rendidores. ¿Los últimos serán los primeros? El cobre se disparó el 6,6%. ¿Quién hubiera apostado a su favor? Máxime conociendo los pobres registros de la actividad manufacturera en el mundo (cortesía de los informes PMI) y los cascotazos en Wall Street. El petróleo trepó el 3,7% y quedó cuarto en el ranking, pese a los inventarios abundantes y las crónicas sauditas (una doble hemorragia de producción a pleno y penurias financieras sin contención).

Hay que bucear en las monedas para hallar una explicación. El "superdólar" se tomó un respiro, primero, y ahora se dio un chapuzón. Que el euro se dirige a cotizar por debajo de la paridad con el dólar podrá ser (y creemos que será), pero no es el momento. Todo lo contrario: hoy por hoy, se reacomodó raudo por encima del 1,10. Tanta fiereza no estaba en los cálculos. Y existe una arquitectura vasta de carteras financieras que se construyó con la tesis del "superdólar" como viga maestra. Si el euro resucita con bríos, el eje se desplaza, y es lógico que cruja. Los "trades" favoritos y populosos -largo los bonos europeos / corto el euro, o largo las Bolsas europeas / corto el euro- se agrietan por partida doble. Cuanto más apalancamiento, peor. Así, por primera vez, se pone a prueba el "boom" de activos que se montó a partir del QE soberano que lanzó el BCE. Nada terrible: la espuma que subió con intrepidez, ahora se descrema igualmente rápido. La tasa del bund alemán a 10 años se duplicó en una rueda. Lo difícil era explicar cómo en Europa tramos enteros de la curva de bonos soberanos podían sumergirse en tasas negativas sin apelar a ninguna coerción. ¿Cómo podía ser que el bund a 9 años prometiera retornos bajo cero? Bueno, ya no lo hace. Después del sacudón, hoy, hasta el bund a 5 años tiene que ofrecer ex ante un rendimiento positivo. Aun así, la tasa es microscópica: un punto base. O sea, un diezmilésimo al año (el ahorrista que pague comisiones para adquirirlo sabe que no recuperará la totalidad de su inversión).

La tendencia de fondo no cambió, ni cambiará pronto. Las tasas bajas, la desinflación, la pesadez de la economía global no están en discusión. Que EE.UU. se enfríe en el primer trimestre, y la eurozona resurja, no niega que el diferencial de crecimiento seguirá favoreciendo a EE.UU. Que la Fed mida sus tiempos no le cierra las puertas a la suba de tasas, sólo la demora. Que la política expansiva del BCE haya sido un éxito temprano no le hará pisar el freno a Mario Draghi antes de lo que prometió (como mínimo, septiembre de 2016). Y los avatares de Grecia pueden obligarlo a relajar más. En definitiva, la visión del mundo que alimentó a los mercados financieros retiene toda su vigencia. Sólo que no hay almuerzos gratis. Aunque nos conviden la bebida. Y no está mal, como sucedió esta semana, volver a recordarlo.