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Veronese abrió el desfile del teatro argentino en París
Una escena de «Los hijos se han dormido», versión de «La gaviota» chejoviana por Daniel Veronese, en el Teatro de la Bastilla.
Veronese, quien hoy inicia, en la misma sala, seis funciones de «El desarrollo de la civilización venidera», su versión de «Casa de muñecas» (que también supo triunfar en la propia patria de Ibsen), lidera el pelotón de directores y dramaturgos vernáculos que pasarán por distintas salas parisienses hasta diciembre. Ellos son: Claudio Tolcachir, con «Tercer cuerpo» y «El viento es un violín»; Romina Paula, con «El tiempo todo entero»; Rafael Spregelburd, con su obra «La terquedad», dirigida por Marcial di Fonzo Bo y Elise Vigier; Lola Arias con su movilizadora «Mi vida después»; Federico León con su película «Estrellas»; y Mariano Pensotti -recién «descubierto» por los organizadores franceses del Tandem-, con la intervención «A veces creo que te veo», en el Metro de Paris.
Antes de la exitosa función inaugural de «Los hijos se han dormido», tuvimos oportunidad de conocer a Judith Martin, una francesa entusiasta que se expresa en impecable porteño, incluyendo el «che» de vez en cuando y cerrando invariablemente con un «¿viste?» cada frase («a veces me parece que hablo citando diálogos de las obras argentinas, porque son tan naturales...»), quien confiesa que el teatro argentino le cambió la vida.
Tan es así que fundó especialmente una empresa para manejar las presentaciones de varios de estos grupos en toda Francia. Cuenta que «en 2004, trabajaba en el Ministerio de Asuntos Exteriores francés y fui a Buenos Aires a organizar un festival de autores franceses dirigidos por franceses y latinoamericanos dentro del FIBA. Lo que vi de allá me mató, por la simplicidad y la potencia de las puestas. Me dije: esto no hay en Francia». Así fue como volvió a la Argentina, «muerta de miedo» se contactó primero con Veronese, luego con Tolcachir, y así sucesivamente. «Y ahora éste es mi trabajo». Su próxima apuesta es traer a Ciro Zorzoli con «Estado de ira».
Y sigue: «El teatro que hacen llega directo a la gente de cualquier parte; pude sentirlo hasta en los pueblitos más recónditos, incluso con la dificultad que, al principio, impone el subtitulado. Eso pasa porque, para mí, los actores argentinos son los mejores del mundo, junto con los polacos».
Más allá del entusiasmo de Martin, lo cierto es que la escena argentina se hace notar este año en un Festival de Otoño (la temporada alta de teatro en Francia) que «Le Figaro», por ejemplo, resume así: «Obras clásicas; piezas de boulevard, espectáculos intelectuales: de Shakespeare a Sophie Marceau pasando por Luchini, Feydeau y Peter Handke, jamás la escena francesa ha ofrecido tal diversidad en el otoño».
Efectivamente, es imposible no advertir esa diversidad en la infinidad de afiches que publicitan, entre muchísimas otras propuestas, a Dominique Blanc en «El dolor» de Marguerite Duras, dirigida por el también cineasta Patrice Chereau («El hombre herido», «La reina Margot», «Los que me aman tomarán el tren») o el debut teatral del veterano rockero Johnny Halliday en «The Kingdom of Heart» de Tennessee Wi, ambas piezas ya estrenadas y elogiadas por la crítica. Otros anuncian para octubre a Sophie Marceau en una pieza de Ingmar Bergman; «el regreso de Fanny Ardant a la escena», con un monólogo de Joan Didion; o a André Dussolier y Niels Arestrup enfrentados en «Diplomacia», una obra ambientada en tiempos de la ocupación nazi, para citar sólo a los más conocidos.
Volviendo a la presencia argentina en París, el tango que tuvo su protagonismo los primeros días del Tandem (con el apoyo, en persona, del ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, por supuesto), también probó su atractivo no sólo en las dos noches que le dedicó el Centro Cultural Cent Quatre. Ya al bajar del avión en el aeropuerto Charles de Gaulle, grandes pantallas anunciaban la «Tanguera» de Mora Godoy para octubre en el Chatelet.
* Enviada Especial

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