Verosímil acercamiento al autismo

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«El pozo» (Arg., 2012, habl. en esp.). Dir.: R. Carnevale. Guión: R. CarneN. Manservigi. Int.: P. Palmer, A. Fontán, E. Blanco, T. Arriera, N. Argentina, A. Aizemberg, E. Rodríguez, D. Baret, N. Pons.

Conviene discernir adecuadamente entre la mayoría de los chicos autistas de la vida real, y ciertos personajes autistas estilo Hollywood, raros, destemplados, pero con notorias, comprobables y muy útiles capacidades diferentes. Por ejemplo, son capaces de contar al vuelo el total de fósforos que están cayendo de una caja. Pero solo existen en las películas. Y en alguna serie norteamericana. O en algunas especulaciones según las cuales el propio Leonardo Da Vinci era medio autista, y por eso era genio entero.

«El pozo» no integra esa lista de películas. Su autor no nos pinta personajes hollywoodenses. Nos expone una criatura dolorosamente cercana a las que él conoce. Su hermano es así. Por eso, al hablarnos sobre una joven con ese sindrome, con marcado retraso mental y reacciones muy difíciles de manejar, nos expone también los conflictos familiares que el mismo acarrea. La madre sobreprotectora concentrada solamente en ella, el hermano que se siente abochornado ante los compañeros de la escuela, el padre a veces ausente, el aislamiento social, y también el cansancio, la irritación, el peregrinar por consultorios donde apenas pueden ofrecer paliativos, alguna contención, consejos difíciles de aceptar para una madre. Hay que internarla, le dicen.

Interesante, la descripción del internado como un lugar donde los chicos pueden progresar, sociabilizarse y sentirse bien. Lo mismo, la conclusión a la que se llega respecto a las expectativas de los padres. Y algo novelesca, pero puede ocurrir, la anécdota de la escapada de una parejita para andar por el pueblo, precisamente porque se sienten mejor y más sociables.

Conviene discernir, también, entre Rodolfo Carnevale, que recién hace su primera película, y Marcos Carnevale, que ya tenía larga experiencia cuando hizo «Anita» (dicho sea de paso, no son parientes). Digamos, acá hay varias cosas mejorables. Pero igual hay mucho de elogiable, y necesario. A destacar, el trabajo de caracterización de los jóvenes Ana Fontán y Ezequiel Rodríguez. Y la reaparición de Patricia Palmer en la pantalla grande. Para ver en otro momento, el trabajo de equinoterapia que acá apenas ocupa una escena. Y para tener en cuenta: según recientes estadísticas médicas, en Argentina cada 88 niños nace uno autista.

P.S.

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