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Viento de cola y esquirlas de China

Podemos definir el viento de cola como un conjunto de factores externos que están fuera del control de un país y que pueden tener un impacto positivo sobre su tasa de crecimiento. Hace algunos años propuse un índice simple para medirlo que consistía en restar a la variación mensual de los precios de los commodities agrícolas la tasa de interés a 10 años que paga el Tesoro de Estados Unidos. Advertí entonces que se trataba de una primera aproximación. Vale la pena ahora, al comienzo de un nuevo período presidencial, hacer un análisis algo más profundo. Como ya señalamos, para la Argentina, un componente importante del viento de cola es la evolución del precio de los commodities agrícolas, principalmente la soja. El otro es lo que los economistas denominan push factors, es decir aquellos factores que "empujan" los flujos de inversión privados a los mercados emergentes. Entre ellos podemos citar una menor volatilidad en el mercado de acciones de EE.UU., incentivos a la busca de mayores rendimientos, mayor liquidez en el mercado interbancario, un relajamiento de la política monetaria de Estados Unidos, menor costo de financiamiento a largo plazo y menor riesgo cambiario en las economías emergentes. No todos estos factores tienen el mismo peso y no todos impactan de la misma manera en cada país. A partir de todas estas variables construimos un índice de viento de cola mensual desde enero de 1990 a noviembre de 2015, que es el período pare el que hay disponibilidad de datos. El gráfico siguiente muestra su evolución en los últimos 25 años. Desde el punto más bajo alcanzado en 2001 hasta el más alto a mediados de 2012 la intensidad del viento de cola se multiplicó prácticamente nueve veces. Durante los noventa hubo un enorme flujo de capitales hacia la Argentina a pesar de que el índice hoy no parece tan favorable mientras que durante la última década se dio el fenómeno inverso. Hubo obviamente otros factores en juego, que los economistas denominan pull factors y que tienen que ver con las instituciones y la política económica de cada país. Estos factores hicieron que en la última década la Argentina quedara aislada y no aprovechara plenamente el viento de cola. En los últimos tres años el índice cayó de manera abrupta. Actualmente está cerca de 100, que es el promedio para todo el período. Esto significa que si se frena la caída, con una política económica sensata no debería ser demasiado complicado atraer los capitales que el país necesita para crecer. Pero si la crisis en China se profundiza y nos acercamos a los niveles de 2000 y 2001, será mucho más complicado financiarse a tasas y plazos razonables. También dependemos de China por decisiones adoptadas del Gobierno anterior (el famoso swap es una de ellas). Irónico que la sinodependencia sea uno de los principales legados de un Gobierno que hizo de la soberanía económica una de sus banderas.
(*) Autor de "Entrampados en la farsa: el populismo y la decadencia argentina".


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