18 de enero 2016 - 00:00

Viento de cola y esquirlas de China

Viento de cola y esquirlas de China
 El derrape bursátil en Hong Kong y Shanghái ha generado un terremoto en los mercados globales. La semana pasada, en una nota muy publicitada, George Soros advirtió que estamos frente a una repetición de la crisis global de 2008. Se trata simplemente de una nueva fase de esta crisis. En Ámbito Financiero, el 8 de septiembre pasado advertí que el impacto de la crisis finalmente había llegado a China. El agónico repunte de las acciones chinas en octubre y el más agónico aún en diciembre, más que desmentir, confirmaron esta hipótesis. La causa fundamental de la crisis global de 2008 fue el desequilibrio macroeconómico global que tenía a Estados Unidos y China como actores principales y a la eurozona como actor de reparto. Quienes salieron mas rápidamente de la crisis fueron los norteamericanos. En Europa la crisis tardó más en manifestarse pero todavía se siguen sintiendo sus coletazos. Y China gracias a la opacidad de sus estadísticas y la manera poco transparente en que el Politburó toma las decisiones de política económica logró retrasar por algunos años más lo que era inevitable. Sobre los dilemas que enfrenta China para retomar la senda del crecimiento económico sostenido remito al lector a mi artículo ya citado. Todo esto tiene serias implicancias para la Argentina. La fase alcista del superciclo de commodities iniciada a fines del año 2000 y concluida a mediados de 2012 fue alimentada principalmente por China. Éste fue un componente fundamental del tan mentado "viento de cola" que le dio sostén al fallido experimento populista diseñado por el kirchnerismo. Al Gobierno entrante le toca pagar la factura de una década de exceso y desequilibrios. La pregunta obvia es cuán difícil será hacerlo. Dependerá de factores internos y externos. Lo que pase en China tendrá impacto directo sobre la dirección y la intensidad de los vientos que soplen en los próximos meses y quizás años.

Podemos definir el viento de cola como un conjunto de factores externos que están fuera del control de un país y que pueden tener un impacto positivo sobre su tasa de crecimiento. Hace algunos años propuse un índice simple para medirlo que consistía en restar a la variación mensual de los precios de los commodities agrícolas la tasa de interés a 10 años que paga el Tesoro de Estados Unidos. Advertí entonces que se trataba de una primera aproximación. Vale la pena ahora, al comienzo de un nuevo período presidencial, hacer un análisis algo más profundo. Como ya señalamos, para la Argentina, un componente importante del viento de cola es la evolución del precio de los commodities agrícolas, principalmente la soja. El otro es lo que los economistas denominan push factors, es decir aquellos factores que "empujan" los flujos de inversión privados a los mercados emergentes. Entre ellos podemos citar una menor volatilidad en el mercado de acciones de EE.UU., incentivos a la busca de mayores rendimientos, mayor liquidez en el mercado interbancario, un relajamiento de la política monetaria de Estados Unidos, menor costo de financiamiento a largo plazo y menor riesgo cambiario en las economías emergentes. No todos estos factores tienen el mismo peso y no todos impactan de la misma manera en cada país. A partir de todas estas variables construimos un índice de viento de cola mensual desde enero de 1990 a noviembre de 2015, que es el período pare el que hay disponibilidad de datos. El gráfico siguiente muestra su evolución en los últimos 25 años. Desde el punto más bajo alcanzado en 2001 hasta el más alto a mediados de 2012 la intensidad del viento de cola se multiplicó prácticamente nueve veces. Durante los noventa hubo un enorme flujo de capitales hacia la Argentina a pesar de que el índice hoy no parece tan favorable mientras que durante la última década se dio el fenómeno inverso. Hubo obviamente otros factores en juego, que los economistas denominan pull factors y que tienen que ver con las instituciones y la política económica de cada país. Estos factores hicieron que en la última década la Argentina quedara aislada y no aprovechara plenamente el viento de cola. En los últimos tres años el índice cayó de manera abrupta. Actualmente está cerca de 100, que es el promedio para todo el período. Esto significa que si se frena la caída, con una política económica sensata no debería ser demasiado complicado atraer los capitales que el país necesita para crecer. Pero si la crisis en China se profundiza y nos acercamos a los niveles de 2000 y 2001, será mucho más complicado financiarse a tasas y plazos razonables. También dependemos de China por decisiones adoptadas del Gobierno anterior (el famoso swap es una de ellas). Irónico que la sinodependencia sea uno de los principales legados de un Gobierno que hizo de la soberanía económica una de sus banderas.

(*) Autor de "Entrampados en la farsa: el populismo y la decadencia argentina".

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