Normalmente no hablamos de cotizantes (preferimos ser acusados de ignorantes que de parciales). Pero el caso merece algunas líneas. En octubre del año pasado, Apple quedó «viuda» de quien parecía ser el cerebro maestro de la organización, Steve Jobbs. Por doloroso que fuese, el hecho fue utilizado muy hábilmente por sus sucesores que vienen capitalizando su muerte de todas las maneras posibles. Así, las acciones treparon de u$s 400 a u$s 500 -suba del 25%- en sólo 34 ruedas, y para llegar a u$s 600 se tomaron apenas 23 ruedas. A simple vista, cada vez sube más rápido. ¿Una exageración? Es posible: Apple está lejos de estar a la cabeza de la innovación tecnológica, sus productos no son «los mejores» en ninguno de sus mercados ni es la empresa más redituable (en 2011 ocupó el puesto 20 entre las 500 más grandes del planeta). Pero éstos son los tiempos que corren y debemos de entender que no se trata de una corporación tradicional, sino de una gigantesca máquina de marketing estructurada para generar -como sea- una alta fidelidad en torno a pocos y «bonitos» productos (la empresa tiene algo más de 60.000 empleados en todo el mundo -el 60% vendedores-, Microsoft tiene casi 100.000 e IBM más de 400.000), lo que la ha tornado desde fines de enero en la mayor cotizante del globo. Sin duda su principal activo es la marca, pero además cuenta con «la caja», un tesoro de u$s 97.000 millones en efectivo (el año pasado sumó u$s 46.000 millones y desde 2009 u$s 64.000 millones -el 36% de lo que sumaron todas las cotizantes de EE.UU.-; para este año hay estimaciones que podrían llegar a sumar otros u$s 50.000 millones más, con lo cual triplicaría la tenencia de efectivo de la empresa que le sigue, Microsft), que hace salivar a más de uno, esperando conseguir una «tajada» vía el anuncio de recompra de títulos o un dividendo extraordinario. Ojalá tengan razón, porque la excusa de la viudez no dura para siempre y porque por alguna razón todo esto nos hace recordar a la South Sea Company (mucho efectivo y pocos negocios derivaron en la «burbuja de los mares del sur» de 1720). Ayer el Dow trepó el 0,44%, a 13.252,76 puntos, demostrando que en el fondo, ayer no pasó nada nuevo y significativo en el mercado.
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