Un leve arranque bajista en consonancia con la caída de los commodities (el petróleo cedía un 0,8%; y el oro, un 0,4%), de las Bolsas asiáticas (el Nikkei, golpeado por la noticia de contaminación radiactiva, llegó a perder un 2%, pero al cierre acotó a un -0,2%) y europeas (S&P les bajó el rating a Grecia y a Portugal, cuyos bonos fueron apuntalados por el Banco Central Europeo) y el anuncio de que en 19 de las 20 principales ciudades del país el precio de las viviendas siguió retrocediendo en marzo. Después, las cosas no mejoraron, pero casi al mismo tiempo que se difundía que el Índice de Confianza de los Consumidores había disminuido en marzo mucho más que lo esperado (luego de cinco meses consecutivos de subas, bajó de los 72 puntos de febrero a 63,4 puntos -en promedio se esperaba fuese a 65-), el precio de las acciones comenzó a repuntar, en un movimiento que dejó el Promedio Industrial al cierre en 12.279,01 puntos. Así, el 0,67% que ganó ayer el Dow marca la séptima suba del indicador para las últimas nueve ruedas, neutralizando casi seis semanas de bajas al volver a los niveles previos al inicio de la revolución libia (el 18 de febrero), acercando lo ganado este año al 5%. Lo cierto es que si buscamos algún elemento puntual que justifique el movimiento alcista, más allá de la recuperación del precio del crudo (cerró en u$s 104,79 por barril, impulsando al sector petrolero), a primera vista no surge nada significativo (el otro grupo líder fue el de las telecomunicaciones). De hecho, lo mejor del Dow pasó por Home Depot, impulsada con el anuncio de que la empresa recomprará de manera acelerada hasta u$s 1.000 de sus acciones. Lo más importante entonces fue que con 805 millones de papeles transados, tuvimos el segundo menor volumen del año y que la tasa, en un 3,489%, marcó su novena suba consecutiva (algo que no se veía desde abril de 1990).
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