La nueva película sobre las precuelas de los X-Men es mejor que las últimas dos, pero no llega al excelente nivel de “X-Men: Generations”, la primera donde los mutantes ayudaban a resolver la crisis de los misiles de Cuba en los años 60. Ahora la acción transcurre en la década de 1990 -una realidad paralela donde los mutantes conviven con los humanos- y comienza a lo grande con una misión de rescate a un transbordador espacial en apuros. Durante la misión la mutante todopoderosa Jane Gray -interpretada por Sophie Turner- queda expuesta a una fuerza solar desconocida y, si bien regresa a la Tierra sintiéndose mejor que nunca, pronto todos descubren que ahora es dueña una energía imposible de controlar. La trama mezcla la eterna confrontación entre los propios mutantes y los humanos que, a la primera mala señal, empiezan desconfiar de los X-Men, pero ahora también hay unos extraterrestres que llegan atraídos por esta nueva energía que les permitirá apoderarse de nuestro planeta.
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Volvieron los X-Men y se quedaron en los 90
En una realidad paralela, ahora conviven con los humanos. El film recupera algo del buen ritmo e imaginación anteriores, pero no llega a igualar en calidad a "Generations".
La película mezcla demasiado las distintas subtramas y, sin las sólidas actuaciones de James McAvoy (el profesor Xavier) y Michael Fassbender (Magneto) el asunto no se sostendría del todo. Como los personajes están bien construidos y hay algunos buenos diálogos sobre la tendencia misógina de ambos líderes mutantes, los fans de los personajes de Marvel la podrán disfrutar más allá de sus altibajos y las cataratas de efectos digitales un tanto remanidos, mitigados por un superlativo 3-D.
“X-Men: Dark Phoenix” (“Dark Phoenix”, EE.UU., 2019). Dir.: S. Kinberg. Int.: J. McAvoy, M. Fassbender, S. Turner.


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