2 de abril 2014 - 00:00

Volvió Yellen en versión “correcta”

Janet Yellen
Janet Yellen
¿Cuál es la "verdadera" Janet Yellen? No hace falta que levante la mano. La Yellen que habló el lunes en Chicago, es fácil de reconocer. Su defensa de la política monetaria no convencional -de todo lo actuado en la era Bernanke (con ella como número dos de la Fed desde 2010)- no admite confusión. Es fácil identificar su línea cuando no se la saca de contexto. Y el contexto gobernó el lunes en todas sus declaraciones. La nueva timonel de la Fed justificó la compra de bonos -el QE- y las tasas de interés a ras del suelo como contrapartida de la "considerable holgura" todavía presente en la economía y el mercado de trabajo.

Yellen es una experta en economía laboral y está claro que la reciente rápida disminución de la tasa de desempleo no modificó su óptica a favor del estímulo. "Pienso que este extraordinario compromiso (de la política monetaria) es aún necesario y se necesitará por más tiempo", dijo. "Y creo que esta visión es ampliamente compartida por mis colegas en la Fed". Quizás sí, quizás no tanto. Pero la tradición de la Fed no es la del Banco de Inglaterra. La opinión de quien preside la institución es la que manda (más allá de alguna solitaria disidencia a la hora de las votaciones).

¿Qué pasó con la aritmética del ocaso del tapering tras el otoño boreal y los seis meses de preparación posterior para la suba de las tasas cortas de interés? No hubo mención. "Yo no cuento meses", dijo el halcón Charles Plosser de la Fed de Filadelfia, al desestimar el malentendido que gestó Yellen en su primera conferencia de prensa. Y es así. Ninguna referencia a un ábaco. Ninguna prisa. La palabra de Yellen -a ratos "parecía política" según el cable de Reuters- transitó por otros carriles, a contramano de cualquier desvelo por finalizar con las inyecciones de estímulo. "Las cicatrices de la Gran Recesión persisten, y llevará tiempo alcanzar nuestros objetivos", puntualizó. En efecto, la Fed está en posición offside en sus dos mandatos: ni la economía reposa en el pleno empleo ni la inflación en la meta oficial del 2%.

"Esta recuperación se siente todavía como una recesión para muchos estadounidenses", remató. Y en los sondeos de opinión, el 57% de los consultados así lo piensa. Se equivocan: la recuperación arrancó en junio de 2009 y el Producto Bruto Interno -y el ingreso nacional- han dejado atrás hace tiempo los niveles previos a la contracción de 2007-2009. Pero todavía no se recobró el nivel de ocupación que regía en diciembre de 2007 ni se crearon los empleos equivalentes al aumento ocurrido desde entonces en la fuerza laboral. La misma Yellen citó los indicios que ella escruta: magro crecimiento de los salarios, baja participación laboral (más allá de lo que podría explicarse por el cambio demográfico), los siete millones de personas que trabajan a tiempo parcial por falta de conchabo de jornada completa.

¿Volvió la Yellen "correcta" al dial de las expectativas? La economía, por cierto, no precisa hostilidad. Es la efervescencia de los activos de riesgo lo que motivó los reparos. La recuperación es cansina y la desinflación manda. La inflación, los últimos doce meses a febrero, fue del 0,9%. Hace 22 meses que no alcanza la meta del 2% en EE.UU. ¿Es un objetivo o se tratará de un "techo" a no sobrepasar?, meten cizaña los críticos porque ni siquiera con alto desempleo la Fed es capaz de arañarlo. El mal es generalizado. Ya se escribió aquí el 20 de febrero: "La desinflación, fantasma global". Ayer la eurozona reveló una inflación del 0,5% en febrero (desde octubre que es inferior al 1%). La lista de los bancos centrales que no pueden cumplir con su meta -todos ellos por defecto- es muy larga. Incluye al plenario del G-4: la Fed, el BCE, el Banco de Japón y el Banco de Inglaterra. Y adhieren Canadá, Suecia, Noruega, Suiza y Corea del Sur. No hay necesidad de apretar la política monetaria si la inflación se restringe sola. La excepción a la regla es el temor a incubar burbujas (porque, en principio, parecería que el fervor y la desinflación moran en habitaciones separadas). El gobernador Jeremy Stein defendió con rigor teórico esa necesidad pero, por fortuna, no tiene prensa. Así, el mensaje corregido después de sendas intervenciones de Yellen es que no hay urgencia por quemar etapas, que la Fed está cómoda donde está. Pensar que hay piedra libre para todos, después de escuchar a Stein, Tarullo, Fisher, Plosser y otros, sería exagerar. Si la fiebre se apodera de Wall Street y eso vuelve a importunar habrá que despachar algún orador, o promover algún otro error involuntario. Sin apuro, hay que recordar que las minutas ya están en el correo.

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