Pasaron algo más de 40 años desde que el británico Rick Wakeman (que por entonces se había incorporado como tecladista de Yes) se metiera en los estudios Morgan y Trident de Londres para dejar registrado el que sería su primer álbum solista. Era el año 1972 y eran épocas en que la música popular, en particular el pop y el rock, dialogaban cómodamente en Inglaterra con la música clásica.
Eran tiempos de una corriente que luego se conocería como "rock progresivo" o "rock sinfónico". Por entonces era una novedad que músicos educados en los más rigurosos conservatorios abordaran otros géneros. Amantes y conocedores de los reconocidos repertorios europeos, enamorados muy especialmente de las genialidades compositivas de Bach y de los recursos del contrapunto, fueron ellos quienes se animaron a una interacción antes vedada. Y en ese juego, sin dudas fue Wakeman, formado en el Royal College of Music en piano, orquestación y clarinete, uno de los más brillantes exponentes.
Catalina de Aragón, Ana Bolena, Juana Seymour, Ana de Cléveris, Catalina Howard y Catalina Parr fueron a la vez las musas inspiradoras para este trabajo que muestra al pianista con los muchos teclados de esa época rodeado de una banda con distintos integrantes aunque siempre con una formación rockera básica de bajo, guitarra, percusión, batería y cantantes. Y pasado muchísimo tiempo, nos encontramos con una reedición siempre oportuna de un álbum que ha conservado su modernidad, su solvencia, su creatividad y que sigue siendo una referencia para todos los músicos posteriores.
| Ricardo Salton |



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