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Wall St. digiere la crisis del euro (¿pero podrá con pez gordo?)
¿Cuántos empleos netos creó el sector privado de EE.UU. en diciembre? Quien sepa la respuesta precisa que levante la mano. Según el informe ADT, fueron 297 mil. El parte oficial, que se conoció el viernes, confiesa que muchos menos, 113 mil, conforme apunta la encuesta de establecimientos. Pero la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS) confecciona a la par otro sondeo -a nivel de hogares- que, milagrosamente, y por un camino independiente, coincide con la estimación de ADT. ¿Cómo zanjar la cuestión? ¿Cabe decir, por mayoría simple, que fueron 297 mil? La estimación más confiable, por lejos, es la encuesta de establecimientos. ¿Fueron entonces 113 mil? No tan rápido. La cifra es preliminar y está sujeta a dos revisiones de rutina. E invariablemente, la BLS, cuando repasó sus guarismos este último semestre, los corrigió siempre a la suba. Así el viernes añadió otros 62 mil empleos privados a los ya anunciados en la cuenta de octubre y noviembre. Sería extraño que el número definitivo de diciembre no crezca de la misma manera. Aun así, difícilmente exceda la mitad de los empleos netos que, provocando una breve conmoción, reportó ADT. ¿Un motivo de decepción? Para nada. ¿Una espina que cuestiona la validez de la tesis de la recuperación económica? Mucho menos. El perfil de «recuperación que no crea empleos» es la marca registrada de las dos últimas expansiones en los EE.UU. (las que surgieron tras las recesiones de 1990-1991 y de 2001). Es más, a esta altura, ambas expansiones habían creado menos empleos que la actual. Lo que tampoco debería sorprender, ya que ninguna destruyó previamente 8,5 millones de puestos de trabajo.
La recuperación en curso cerró 2010 aumentando el empleo por primera vez desde fines de 2007. La ocupación en el sector privado creció todos los meses sin excepción. Cuando la Fed rumiaba la posibilidad de lanzar un refuerzo del estímulo monetario -a la postre, el QE2-, lo que se temía era que los privados hubieran retomado los recortes de personal. Se dispuso, inclusive, de dos lecturas negativas del informe ADT que así lo sugerían (aunque luego lo desmintieron). En ese sentido, el número de diciembre es muy positivo. No importa que no despeje la incertidumbre, lo que vale es notar cómo la incertidumbre se trasladó rauda hacia el extremo opuesto.
Se dijo aquí que la variable crítica para la Fed no es tanto la creación de empleo como la evolución de la tasa de desempleo, es decir, la holgura de mano de obra disponible y que carece de ocupación. Y esa tasa marcó en diciembre un descenso pronunciado: pasó del 9,8% al 9,4%. Fue una noticia tan imprevista como si la economía hubiese generado los susodichos 297 mil puestos netos de trabajo. Es más, la encuesta de hogares afirma precisamente eso: la tasa de desempleo cayó al 9,4% por la confluencia de dos motivos. Uno, que la oferta laboral se redujo en 260 mil personas. Y el segundo, un aumento de 297 mil empleos. Como se ve, son dos variables y no una sola las que conviene juzgar provisorias y, mientras tanto, tomarlas con pinzas.
¿Qué impacto tendrá este número en la Fed? Ninguno. Lo dejó saber Bernanke el viernes en su visita al Congreso. Las compras de bonos del Tesoro no se moverán un ápice de lo prometido. No hay razones. Los trabajadores desalentados forman parte del colchón de recursos a los que una recuperación sostenida puede echar mano. Aunque desaparezcan formalmente de la oferta laboral. El tema no es baladí porque hoy la fuerza laboral (los que están empleados más los que activamente buscan trabajo) es menor que cuando comenzó la recesión a fines de 2007. Debería haber aumentado en 4,2 millones de personas y, en rigor, disminuyó en más de 200 mil. De no haber sido así, la tasa de desempleo sería del 12%. Conclusión: la Fed no cejará en su empeño hasta empujar sustancialmente la desocupación a la baja. A diferencia de Europa, que sufrió un shock económico más profundo, pero menores pérdidas de empleo, en EE.UU. hay mucho por ganar por la vía de azuzar la demanda; y de forma agresiva para evitar la erosión de capacidades que conlleva el paro crónico.
Una economía más ágil, un banco central que no busca excusas para retirarse a cuarteles de invierno, las perspectivas de mejores balances. Tales las fuerzas que propulsan a Wall Street. ¿Podrá Europa aguar la fiesta? Portugal y las vicisitudes de fondeo de la banca de la periferia de la eurozona son dos buenas excusas si hay que corregir una suba demasiado frondosa. Pero el rally que comenzó en septiembre supo digerir en su momento el rescate a Irlanda al módico costo de suavizar sus bríos en noviembre para retomarlos luego con tremenda pujanza. Hará falta colocar un pez más gordo a la parrilla para forzar un revés duradero.


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