Wall Street ya opera al borde de la corrección

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Si Wall Street da hoy un paso atrás pisará el terreno formal de una corrección. Esto significa una retracción a mitad de camino del temido mercado bear, que es a la Bolsa lo que la recesión a la economía. China es la culpable del tembladeral con que se estrenó 2016, pero Shanghái y Shenzen se estabilizaron el viernes, y Wall Street no fue capaz de replicarles los pasos. Volvió a hundirse -el 1%- denotando que la preocupación que empezó en el Lejano Oriente echó rápidas raíces locales. Se afirma -no en vano- que la Bolsa adelanta, y la corrección inminente, gestada a gran velocidad, trae consigo una carga de malos presagios.

¿Será el fin del mercado "bull", cansado quizá luego de triplicar las cotizaciones y siete años de vacas gordas? Pasaron cuatro años, desde 2011, sin que Wall Street sufriera un tropezón del 10% contabilizado desde los máximos. El año pasado se cortó la racha con una corrección punzante del 12,3% que se coronó con un "flash crash" el 24 de agosto y, trascartón, sin solución de continuidad, una vibrante recuperación. Mucho se habló entonces de grandes calamidades pero así como llovió, paró. Que la corrección golpee de nuevo a la puerta debería reanudar la conversación. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe.

¿Qué es lo que la Bolsa anticipa? ¿Una recesión acaso? La economía, por cierto, no se da por aludida. El viernes, a través del informe laboral, contestó las dudas por escrito. Sólo en diciembre, EE.UU. creó 292 mil nuevos puestos netos de trabajo. Se esperaban "apenas" 210 mil. Conviene poner las cifras en perspectiva; 2014 fue el año de mayor fortaleza del siglo XXI con un promedio mensual de 260 mil empleos; 2015 fue el segundo más activo, con 221 mil. Pues bien, el último trimestre computado anota 284 mil. No son los registros propios de una economía que desfallezca. Es verdad, eso sí, que puede hablarse de una recesión industrial, y de un retroceso del sector exportador, pero la actividad económica es una esfera más amplia y el mercado laboral confirma su buen pulso general. Los mercados bear, bajistas, de la Bolsa vienen asociados a por lo menos uno de dos progenitores. O una recesión en ciernes. O un ajuste monetario demasiado agresivo. ¿Será que la Fed y su empeño en normalizar la política monetaria son el motor de la desconfianza? ¿Se equivocó Janet Yellen al izar las tasas en diciembre? Cifras en mano, la Fed vacunó en buen momento, pero es el futuro el que tendrá la última palabra. Sin embargo, cuesta trabajo pensar -como hay quien afirma- en una reedición del error de 1937 cuando el celo de las autoridades -la Fed y la Tesorería- propició una cancelación temprana del estímulo y el consiguiente "double dip", la funesta recaída en recesión que prolongó las penurias de la gran depresión. Yellen no lleva prisa ni urgencia, prepara el terreno para su accionar hasta la exasperación, y no tiene como objetivo la anulación del estímulo monetario sino su muy paulatina disminución. Sólo operó en diciembre en plena sintonía con las expectativas de los mercados, y dichas expectativas, tras el resbalón bursátil, postergaron a conveniencia la fecha de una eventual segunda suba de tasas.

El problema que arrastra Wall Street hace tiempo es la valuación. Las cotizaciones son elevadas, y las compañías no tienen el "punch" de otros tiempos para la generación de nuevas ganancias. En un par de semanas la temporada de balances lo enfocará con reflectores. Y todo indica que no hay que hacerse grandes ilusiones. Un dólar fuerte en el mundo, y la caída de los precios del petróleo y las materias primas complican la foto de la coyuntura. Es un bache prolongado: vamos ya por el segundo año de penurias. Que la Bolsa agache la cabeza, y se cure en salud no es criticable. La valuación se corrige con precios más bajos. En un mundo de tasas cuasi cero tampoco hace falta que sean muchísimo más bajos. Wall Street rinde hoy el 2,2% al año en dividendos (más que los Bonos del Tesoro a diez años) y, en términos de ganancias, un muy apetecible 5%.

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