22 de marzo 2010 - 00:00

Ya es profunda la división entre entidades empresarias

Héctor Méndez, Mario Llambías
Héctor Méndez, Mario Llambías
La división entre el campo y el resto del empresariado parece haber quedado definitivamente sellada el viernes, cuando los cuatro principales dirigentes rurales decidieron no concurrir a la reunión del llamado Grupo de los Siete, convocada en la sede de ADEBA, casi de apuro, para contraponerla con la reunión organizada el martes último por AEA.

El divorcio en el empresariado vuelve a demostrar la distancia que aún existe entre el agro y el resto de las actividades económicas, pero también la capacidad el Gobierno para dividir a la oposición, sea ésta parlamentaria o de otro tipo. También pone en evidencia los resquemores que provoca la AEA en las gremiales sectoriales, a la que acusan de pretender constituirse como una entidad «de cuarto grado», multisectorial y omnirrepresentante.

Tanto Mario Llambías, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), como su par de la Sociedad Rural (SRA), Hugo Biolcati, esquivaron la cita del viernes porque no quisieron convalidar un encuentro en el que no se plantearon los temas de la agenda que (en especial Llambías) buscan imponer.

La CRA y la SRA son miembros plenos del Grupo de los Siete, agrupación que comparten con la Unión Industrial (UIA), la Bolsa porteña, la Asociación de Bancos (ADEBA), y las cámaras de Comercio y de la Construcción. Al encuentro también se había convidado a Coninagro y a la Federación Agraria, con la idea de expandir a nueve el número de integrantes del actual G-7, designado en su momento para tramitar en nombre del empresariado el más que difunto Acuerdo del Bicentenario.

Sus ausencias marcan que hoy es impensable que el campo, la industria y los servicios formen un frente común para cualquier propósito: los otros sectores convinieron en ese almuerzo asumir una postura mucho más prudente y de menor confrontación con el Gobierno; todo lo contrario al agro.

Desvelos

Sin embargo, al margen de los panoramas optimistas que pintaron constructores, industriales y comerciantes, los presentes coincidieron en dos temas que los desvelan: la inflación más la falta de planes oficiales para combatirla, y el enrarecimiento del clima social -reclamos salariales incluidos- pro-vocado por la suba de precios.

El enojo del campo pasa por el hecho de que, por segunda vez en menos de 72 horas, sus pares de la industria y los servicios se negaron a emitir un documento o al menos un comunicado crítico hacia el Gobierno; el martes, convocados por la AEA (Asociación Empresaria Argentina), habían almorzado dirigentes de este grupo junto a la UIA y algunos dirigentes del agro, ya sin Llambías ni Biolcati.

Superado

Quien sí concurrió a la sede del Macro fue Héctor Méndez, presidente de la UIA que el martes había esquivado el almuerzo en AEA. El dirigente plástico comparte con el agro la idea de una postura más crítica hacia el Gobierno. Sin embargo, aceptó el convite de Jorge Brito (ADEBA) para no seguir dejando el campo libre a quienes apuntan a una actitud más complaciente. Si ése fue su propósito, el viernes no consiguió plasmarlo en los hechos, quizás porque quedó superado en número.

A la mesa se sentaron Norberto Peruzzotti (secretario de ADEBA), José Ignacio de Mendiguren (secretario de la UIA) y Gregorio Chodos (Construcción).

Conociendo la composición de la mesa y la orientación de sus integrantes, la gente del agro optó por no bajar a Buenos Aires -Llambías, por caso, estaba de gira por el Noroeste- y no convalidar con su presencia una nueva postura «light» del resto del empresariado. En el ambiente quedó flotando la impresión de que el Gobierno K se había anotado una nueva victoria.

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