31 de agosto 2011 - 00:00

Yoshimoto bordea el exceso de sensibilidad

Yoshimoto bordea el exceso de sensibilidad
Banana Yoshimoto «Recuerdos de un callejón sin salida» (Bs.As., Tusquets, 2011, 211 págs.) 

«¿Por qué pagar por leer algo tan triste?», se pregunta Banana Yoshimoto, y agrega «le pido disculpas, pero esa tristeza era, en cierta medida necesaria; no pude evitar llorar como una tonta mientras leía las galeradas, pero tengo la sensación de que las lágrimas derramadas me ayudaron a limpiar un poco la pena que se acumulaba en mi corazón, espero que le suceda lo mismo». Y no siempre sucede lo mismo. Hay veces que los hechos emocionales, los dramas familiares, lo sentimental se vuelve sentimentaloide, y la compatriota de Haruki Murakami bordea los espiritualizantes y lacrimógenos estereotipos que popularizaron, entre otras, a Susana Tamaro. Afortunadamente con su estrategia habitual, Yoshimoto pareciera guardarse el final de las historias para que el lector las encuentre por sí mismo, Mejor aún, en la mayoría de los relatos más que frenarse a tiempo sabe cómo ofrecer en los cinco cuentos de este libro una segunda lectura intencionada, una trama muchas veces ligada con la literatura fantástica.

En «La casa de los fantasmas», la vida de dos estudiantes universitarios se van entrelazando por encuentros que mantienen en una casa en ruinas donde hay dos viejitos fantasmas que tendrán mucho que ver, especularmente, con su futuro. En «¡Mamáaa!», la empleada de una editorial a punto de morir por comer un arroz con curry que fue envenenado por una persona vengativa, que nada tiene que ver con ella, entra en su recuperación en el duro universo de la infancia que pretendió olvidar. «La luz que hay dentro de las personas» es uno de los relatos más convincentes, cinematográficos (con un toque Spielberg) y conmovedores. Cuenta de una chica, que se volverá escritora en el futuro, y un chico que tiene la capacidad de ver la luz que hay dentro de las personas y acaba en insospechada tragedia. «La felicidad de Tomo-Chan» pareciera proponerse una cierta apología de la ingenuidad. Por último «Recuerdos de un callejón sin salida» tiene algo de esperanzadora película de Frank Capra y algo de librito de autoayuda. Una muchacha en la depresión de una ruptura amorosa encuentra un amigo en un bar de una calle sin salida. La notable escritora de la novela «Kitchen» confiesa que escribió este libro estando embarazada, acaso se deban a eso sus imperdonables excesos de sensibilidad.                                  

M.S.

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