Para Sophie Dannenberg,
la consecuencia de «las
ideas del ’68» fue la
renuncia a la puntualidad,
la eficiencia y el trabajo.
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Jóvenes escritores, periodistas y universitarios alemanes han irrumpido con una dura crítica al '68: la generación de las revueltas estudiantiles, la revolución sexual y antiautoritaria. La novedad no es que se ponga en duda a la generación de los '60, en círculos conservadores, «sesentayochista» es desde hace tiempo un insulto, la novedad es que los ataques procedan ahora de posiciones alejadas del conservadurismo alemán tradicional, que sea la generación de los hijos del '68 quien eleve la voz contra sus mayores.
Contra esta supuesta hegemonía del '68, que se pone de manifiesto en el rechazo masivo de los alemanes a la política exterior de EE.UU. o en la defensa del Estado de bienestar, se elevan autores como
A diferencia de los conservadores tradicionales alemanes, que siempre han sido críticos con el'68, muchos neoconservadores alemanes, como sus modelos norteamericanos, provienen de la izquierda.
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