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3 de febrero 2014 - 00:02

Alertan por falta de protección del patrimonio Art Nouveau de Buenos Aires

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Casa de los Lirios.
En 1910, la Argentina celebró su primer centenario como séptima potencia mundial. La herencia de miles de inmigrantes ya se podía observar con solo elevar la mirada en alguna calle de Monserrat o Balvanera. Palacetes, cúpulas, curvas y animales de yeso adornaban los edificios porteños. Las fortunas logradas por los recién llegados habían sido invertidas en la construcción de viviendas para las que se contrataron arquitectos europeos que llevarían a Buenos Aires el estilo reinante en su continente. En poco más de 20 años la fisonomía de la Ciudad se modificó con la abrupta irrupción del Art Nouveau.

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Ciento cuatro años después un grupo de aficionados se unió para declarar a Buenos Aires la Capital Art Nouveau de Latinoamérica. La Asociación Art Nouveau de Buenos Aires, encabezada por Willy Pastrana, decidió emprender desde el ámbito privado una tarea que ellos creen el sector público no se encarga: revalorizar edificios que promedian los 100 años de historia, forman parte de la identidad de la Ciudad y contienen un potencial de desarrollo turístico, pero sus condiciones de preservación los vuelve vulnerables a la pérdida y la especulación inmobiliaria.

"El porteño se siente orgulloso del tipo de edificios que hay en la Ciudad sin saber exactamente a qué estilo pertenecen, en la mayoría de los casos estamos hablando de Art Nouveau". Quien intenta explicar la importancia de la cuestión es el Defensor Adjunto del Pueblo para las cuestiones de planeamiento, identidad barrial y preservación arquitectónica, Gerardo Gómez Coronado. En diálogo con ámbito.com, sostuvo que preservar tiene, "además de una cuestión estética y de importancia turística, una importancia identitaria para la Ciudad y varios barrios". 

Entre 1880 y 1914 la arquitectura europea rompe con el academicismo reinante y empieza a experimentar con curvas, hierro y cristales. Los edificios se coronan con cúpulas y adornos inspirados en la naturaleza y lo exótico. Nace el Art Nouveau y se extiende por toda Europa. Cada metrópolis funda su escuela y es en este punto que coinciden, y se lamentan, tanto Pastrana como Gómez Coronado: Buenos Aires es la única ciudad que contiene edificaciones de la escuela francesa (Art Nouveau), la española (Modernismo), la italiana (Floreale), la alemana (Jugendstil) y la austríaca (Secesión), sin embargo, las autoridades porteñas aún no tomaron nota de su importancia, advirtieron. 

A falta de un relevamiento oficial, la Asociación de Art Nouveau de Buenos Aires realizó el primer registro de este tipo de edificios. Contabilizó 250, de los cuales solo 10 están protegidos o preservados entre los que figuran el Palacio Barolo, la Galería Güemes y el Otto Wulff. Otros no cuentan con la misma suerte. Es el caso de una construcción destinada a viviendas ubicada en Entre Ríos 1761 que según contó Pastrana está "en estado desastroso". "Ese edificio está tomado, destruido y viniéndose abajo. Está hecho por Virginio Colombo, el mismo arquitecto que hizo la casa Calise que es una maravilla en todo el mundo", explicó.

El otro caso sobresaliente es el de la Confitería El Molino. El edificio ubicado en la esquina de Rivadavia y Callao se encuentra clausurado desde 1997, en estado de semiabandono, con su mampostería recubierta por mallas para evitar desprendimientos y con gestiones para su puesta en valor paralizadas tanto en Nación como en Ciudad.

Para Gómez Coronado es el caso más emblemático de abandono por la inacción del Estado. "Está ubicada frente al Congreso; a diferencia de otros temas que pueden no ser visibles para la autoridad política de turno, en este caso es totalmente visible: todos los diputados que pasan por ahí lo pueden ver", se quejó.

"Si en un lugar como El Molino, donde se dieron cita políticos y escritores, tanto Nación como Ciudad no han podido o no han sabido involucrarse en forma efectiva y eficaz, ¿qué le queda para algún edificio con valor patrimonial que está en una zona no tan céntrica?", se preguntó. En tanto, si bien no pierden el entusiasmo, en la Asociación admiten que la declaración de un bien como Patrimonio Histórico es un trámite burocrático ya que requiere la intervención de al menos dos ministerios para movilizar fondos.

De acuerdo a las consultas realizadas a los expertos, la Subsecretaría de Patrimonio Cultural porteño no cuenta con información sobre la cantidad de edificios Art Nouveau en Buenos Aires. Ámbito.com solicitó en tres ocasiones información al respecto a esta dependencia sin obtener respuesta. Los profesionales contactados sostuvieron que no se aprovecha el potencial turístico.

En la segunda mitad de 2013, la Asociación encaró la publicación de un mapa donde se identifica a los 50 edificios más destacados, así como la edición de un DVD y la organización de recorridos con guías. El material fue ofrecido a los turistas en diferentes oficinas del gobierno de la Ciudad. Fue tal su éxito que la administración de Macri se puso en contacto para empezar a trabajar en conjunto, pero todavía no hubo avances. "Nos respondieron 'Sí, sí, todo muy lindo', pero hasta ahora no salió nada", dijo Pastrana.

"Nadie entiende por qué el estilo no se explota turísticamente. Riga, en Letonia, fue la Capital Europea de la Cultura en 2013 porque tiene Art Nouveau a toneladas como nosotros. Ellos lo supieron explotar, lo cuidaron", ejemplificó Pastrana. Gómez Coronado es más optimista respecto a este punto: "El Gobierno de la Ciudad le está prestando más atención al tema de la preservación, pero es insuficiente. Lo ven como una veta turística, se dieron cuenta. Hubo una gran insistencia de los sectores que sí estaban interesados en esto, pero no estaba incluido en la agenda política". 

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