“Realicé una elección muy cuidadosa de los materiales, tuve que elegir audios y muchos fueron descartados por ser muy sensibles o dejar muy expuesto a mi padre. Por otro lado nunca quise que esto fuera un biodrama por eso nunca estoy hablando de mi padre”, dice Martín Pavlovsky, hijo de Tato y quien junto a Juan Manuel Correa escribió, dirigen y protagonizan “Pavlovsky x Pavlovsky”. Se trata de un cruce entre archivo, ficción y autoficción que pone en escena el vínculo entre padre e hijo, de la mano de dos actores y un pianista (Martín Pavlovsky) para ofrecer una evocación de “Tato”: una voz que marcó una época y que hoy sigue interpelando con su sensibilidad, su humor y su pensamiento crítico. Puede verse los sábados a las 21 en Hasta Trilce (Maza 177).
Pavlovsky en primera persona: como un caleidoscopio o una forma con multiplicidad de sentidos
Martín Pavlovsky, hijo de Tato, junto a Juan Manuel Correa escribió, dirigen y protagonizan “Pavlovsky x Pavlovsky”. Se trata de un cruce entre archivo, ficción y autoficción que pone en escena el vínculo entre padre e hijo, Puede verse los sábados a las 21 en Hasta Trilce .
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Martín Pavlovsky y Juan Manuel Correa presentan un cruce de archivo, ficción y autoficción sobre el vínculo padre-hijo.
Periodista: Parten del interrogante de cómo se construye cuando el origen es también un vínculo, ¿qué podes reflexionar?
Martín Pavlovsky: Creo que se construye desde una subjetividad muy particular ya que el vínculo padre/hijo predispone para realizar una elección muy cuidadosa de los materiales a tratar. Tuve que elegir audios y muchos fueron descartados por ser muy sensibles o dejar muy expuesto a mi padre. Por otro lado nunca quise que esto fuera un biodrama por eso nunca estoy hablando de mi padre, sino por el contrario, me dejo invadir por la palabra de él a través de escenas y escritos. No me gustaba la idea de hablar en primera persona de la relación prefería que fuese como un caleidoscopio, una forma de multiplicidad de sentidos.
P.: Cómo es esta evocación a “Tato” Pavlovsky, una voz que marcó una época y que hoy sigue interpelando, ¿cuál es su vigencia?
M.P.: Entiendo que la obra de Tato está siempre vigente ya que varias de sus temáticas son universales, muy actuales y resonantes con la realidad argentina también. Correa me pidió que elija los textos porque él decía que era más lógico al conocer más su obra, ahí sucedió algo extraño, me costó mucho pensar qué materiales elegir y de pronto se armó una elección de cinco textos (tres escenas y dos relatos) que se fueron ligando como una unidad de sentido. El vínculo Padre/hijo Madre/hijo, el poder, lo absurdo, la mirada del otro. Algunos textos fueron desechados a último momento, con buen criterio.
P.: ¿Cómo es este cruce entre archivo, ficción y autoficción que pone en escena el vínculo entre padre e hijo?
M.P.: Se trabajó en dos planos, uno el que llamamos la ficción en donde se ubican todas las obras y relatos y por otro lado la autoficción, donde incluiría también los archivos a mi entender y es todo el material de audios, proyecciones e incluso los momentos musicales. Juan Manuel Correa interpreta un rol vincular/espectral, un fantasma que invita entre el pase de un mundo a otro.
P.: ¿Cómo es esta nueva creación que se instala como una forma de vínculo vivo?
M.P.: No sé si es una nueva forma de creación, en todo caso lo importante es sentir un relato que sorprende continuamente por sus múltiples formas: archivos, escenas videos súper 8, música en vivo.
P.: La escena se plantea como un territorio que reúne archivos, ficción y autoficción, sin jerarquías ni linealidad. ¿Cómo es esa poética que atraviesa toda la puesta?
M.P.: Se da por la luz y los cambios de clima continuos. Es así que cada escena tiene un color diferente. Cómo así también en el vestuario, en donde en cada escena hay un detalle rojo. Pero también hay una diferencia entre la luz y el clima entre la ficción que tiende a una luz más fuerte y dirigida que la autoficción que es menos marcada.
P.: ¿Cómo es hacer teatro hoy?
M.P.: Creo que hacer teatro hoy y siempre es una forma de resistencia. En Buenos Aires, la ciudad del teatro, es impresionante como cientos de grupos realizan proyectos apasionadamente y con mucho esfuerzo, como así también hoy público interesado en ver propuestas. Pese a las enormes dificultades en este país y en el mundo, es a través del arte y el teatro en este caso lo que despierta a abrir conciencia y soñar otros mundos posibles.


