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14 de marzo 2014 - 00:20

Andersen en la música de un compositor audaz

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Martín Bauer, director del ciclo Colón Contemporáneo y responsable de la escena en “La vendedora de fósforos”: “HelmutLachenmann es uno de los grandes compositores vivos, junto con Boulez, Sciarrino y Steve Reich”.
á lugar este fin de semana en el Teatro Colón, en el marco del ciclo Colón Contemporáneo que dirige Martín Bauer: el estreno de "La vendedora de fósforos" ("Das MTMdchen mit den Schwefelhölzern"), del compositor alemán Helmut Lachenmann, quien estará presente para asistir y participar del acontecimiento.

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Con el subtítulo de "música con imágenes", la obra, compuesta entre 1990 y 1996 y revisada en el 2000, está basada en el cuento homónimo del escritor sueco Hans Christian Andersen y en textos de Leonardo Da Vinci y de Gundrun Ensslin.

La versión que se verá en el Colón mañana a las 20.30 y el domingo a las 17 tiene dirección musical del suizo Baldur Brönnimann al frente de la Orquesta Estable del Teatro Colón y de un coro preparado "ad hoc" por Armando Garrido.

Los papeles solistas estarán a cargo de las sopranos Elizabeth Keusch y Yuko Kakuta, las pianistas Yukiko Sugawara y Tomoko Hemmi y la solista de shô Mayumi Miyata. A su vez, Ralph Ehlers y Ashot Sarkissjan, miembros del Arditti Quartett, colaboraron con la Orquesta en las técnicas extendidas que demanda la escritura de Helmut Lachenmann.

Dialogamos con Bauer, responsable además de la escena junto a Minou Maguna.

Periodista: ¿Cómo se plasmó este proyecto y de qué manera se desarrolló?

Martín Bauer:
Estamos trabajando en esta producción hace dos años. Es un acontecimiento, no sólo por la ópera, que tampoco es estrictamente una ópera, pero que tiene toda la dimensión de una ópera y requiere una cantidad enorme de músicos: hay dos sopranos solistas, dos pianos, un shô, un coro, un octeto solista, la orquesta... y la presencia de Lachenmann es un acontecimiento que intuyo que va a dejar un recuerdo, como lo dejaron otras visitas ilustres. Lachenmann, que ya está cercano a los 80 años, participó de los ensayos con una dedicación absoluta, con toda la paciencia que ello requiere, porque la Argentina no es el país más ordenado del planeta, pero está muy contento. Él tiene planes de trabajar en una obra nueva, pero lo que más le interesa es trabajar con los músicos. Es una experiencia fuerte para todos.

P.: ¿Qué particularidades tuvo ese trabajo?

M.B.:
Por lo pronto, la de conocer el lenguaje, las llamadas "técnicas extendidas". En los primeros ensayos, antes de que él llegara, se aprendió a decodificar eso. Dos integrantes del cuarteto Arditti y dos preparadores argentinos hicieron el entrenamiento. Hay un repertorio de gestos que deben ser hechos de una determinada manera. Es interesante porque un sonido que uno puede escuchar como un ruido tiene variantes de ejecución, y esto funciona como un salón de no fumadores: si una sola persona fuma, ya no es un salón de no fumadores. Me parece que es una experiencia interesante. El Teatro en estos días se juega por un proyecto, y aún en las circunstancias más complejas, como pueden ser la devaluación, el verano o la vuelta a la actividad, lo lleva adelante. Esta obra exige que los músicos aprendan algo, y esa etapa no se puede saltear.

P.: ¿Cuál fue la respuesta de los músicos?

M.B.:
En su gran mayoría es muy positiva. Me gusta ese desafío, el de enfrentarse a un organismo que tiene su dinámica y saber que de alguna manera se lo está "interviniendo". Es lo mismo que sucede con un vecino nuevo: hasta que el consorcio lo acepta, pasa un tiempo. La experiencia es muy positiva ahora, pero lo va a ser más cuando se lo piense para atrás.

P.: ¿De qué manera debe el público acercarse a esta obra?

M.B.
: Tiene un tratamiento singular en todo sentido. Las técnicas extendidas están puestas al servicio de una fórmula que encontró Lachenmann, y es la de narrar con la música. Él tomó el cuento de Andersen, que es la historia de una vendedora de fósforos que un día de Navidad se encuentra sin haber vendido nada, y que piensa que volviendo a la casa tendrá aun más frío. Entonces decide prender sus propios fósforos para darse calor, lo que significa que tiene lo que se podría llamar alucinaciones. Hay un argumento, pero en la ópera está diseminado y difuso: a veces lo cantan las solistas, a veces el coro, pero no se lo puede seguir linealmente. El cuento está narrado en la música, y puede ser seguido allí siempre que se lo conozca.

P.: Un procedimiento barroco, por otra parte.

M.B.:
Pero llevado al extremo. Hay otros recursos, como la cinta. Lachenmann incluye textos de una militante alemana de la década del 70, Gundrun Elsslin, que ella escribe desde la prisión. La asociación que hace Lachenmann es la de una persona que se enfrentó a la adversidad, ya que Elsslin incendió un supermercado. Y también hay textos de Leonardo Da Vinci, en los que se relatan las emociones en la entrada a una caverna. Todo eso forma un sistema complejo, que es lo que el autor propone con la ópera. Los desvíos del cuento son el corazón de la obra. Además los textos de Leonardo los leerá el propio Lachenmann, lo cual implica un gesto de confianza y cariño hacia nosotros.

P.: ¿Qué características tendrá la ejecución?

M.B.
: Sólo habrá algunos detalles de luz o de video. No es una obra que pueda ser representada en el sentido tradicional, porque no hay personajes: los personajes son conceptos.

P.: ¿De qué manera ubica a Lachenmann en el panorama de la música de los siglos XX y XXI?

M.B.:
Lo ubico como un compositor radical, tal vez el más radical, un autor muy consecuente que llevó al extremo sus ideas y fue muy resistido, de hecho hace sólo un par de décadas que su música es aceptada. Por ejemplo, en la primera versión de esta ópera los violinistas se negaron a tocar su parte. Su música marca una ruptura muy fuerte, pero a su vez busca un concepto de belleza personal. La obra de Lachenmann produce una grieta, que después se fue adaptando. Es interesante que el público venga para apreciar cómo algo tan complejo y extremo se mete en la dinámica de una orquesta. Lachenmann es uno de los grandes compositores vivos, junto con Boulez, Sciarrino y Steve Reich. Detrás vienen otros, pero que son más jovenes y aún deben dejar su marca.

Entrevista de Margarita Pollini

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