Daniel Barenboim exhumó la censurada ópera de Sergei Prokofiev "El jugador", prohibida por la ex Unión Soviética.
Berlín (EFE) - La ópera de Sergei Prokofiev «El jugador», una rareza musical servida como delikatessen por el director de orquesta y pianista Daniel Barenboim, abrió ayer la XII edición del Festival de Pascua del teatro Staatsoper Unter den Linden. Pese a lo poco frecuentada en el repertorio tradicional de los teatros líricos del mundo, se trata de una de las óperas más conflictivas de la historia de la antigua Unión Soviética.
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«Ha sido muy gratificante trabajar en esta ópera de Prokofiev, un compositor muy ligado a mi juventud. Estudié mucho sus sonatas, pues mi padre me obligaba a tocarlas una y otra vez, hasta que cumplí 20 años y pude decirle que se acabó», dijo Barenboim a la prensa, durante una reunión organizado por la Staatsoper para celebrar el estreno.
Barenboim reconoció que la música «un poco loca» de Prokofiev no lo cautivó nunca especialmente, sobre todo la instrumental, pero añadió que ahora, al trabajar con una composición orquestal, «he descubierto un dimensión nueva que ha despertado muy curiosidad».
Basada en la novela de Fedor Dostoievsky de 1866, que el autor escribió para saldar sus propias deudas de juego, la ópera había sido censurada por el bolcheviquismo. Su estreno mundial estaba previsto en San Petersburgo (entonces Leningrado) en 1917, aunque su estreno debió esperar hasta 1929, en La Monnaie de Bruselas. Su trama oscurantista y de crítica social fue cuestionada por las autoridades soviéticas, porque creyeron que no contribuía con el espíritu revolucionario que anhelaban para su música, y para el cual el mismo Prokofiev terminaría sirviendo algunos años después.
La crítica exaltó esta versión, «vertida por Barenboim desde el foso y Dmitri Tcherniavok como director de escena, desde el conocimiento de un mundo lejano que a ninguno de ellos le resulta ajeno». El músico argentino llevará a mitad de año esta misma producción a La Scala de Milán.
Barenboim, quien como todos los que participaron en la producción fue ovacionado por el público tras una representación que resultó perfecta, destacó de la velada labor de la orquesta. «Cualquiera pondría en duda después de escuchar cómo sonó esta noche Prokofiev que la Staastkapelle puede tocar Richard Wagner», agregó en tono de humor, el mismo que utilizó para anunciar que no se quedaría a la fiesta pues «mañana tengo que dirigir una opereta». Barenboim se refería a «Los maestros cantores de Nuremberg», ópera de Wagner con la que prosigue el festival.