Marilú Marini es la oficiante perfecta de «Los días felices», ahora «en argentino», pero con la misma estupenda puesta de la versión en francés que se vio el año pasado.
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Hay que prestarle mucho oído a este personaje que con su apariencia de señora burguesa perora sobre el pasado y «el viejo estilo», mientras se va adentrando en niveles de conciencia realmente abismales, que amenazan con poner al descubierto el sinsentido de la existencia.
Cabe recordar que el texto de
Pese a su extensión (una hora cincuenta de espectáculo) y a que su protagonista monologa enterrada hasta la cintura, hay demasiada actividad como para aburrirse.
Actriz y director combinaron esfuerzos para crear una
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