Al frente de su orquesta, el bandoneonista Lisandro Adrover abrió el recital-milonga, en la
esquina de Maipú y Diagonal Norte, que precedió el cierre del VIII Festival Buenos Aires
Tango.
«VIII Festival Buenos Aires Tango». Actuación de la orquesta de Lisandro Adrover, la Orquesta Escuela de Tango, el Sexteto Mayor y la Selección Nacional de Tango. (Maipú y Av. R.S. Peña; 4 de marzo.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Una multitud (20.000 personas, según los organizadores) se dio cita para participar de la fiesta tanguera que precedió al cierre del «VIII Festival Buenos Aires Tango», que concluyó el domingo en El Dorrego con un concierto del que participaron Patricia Sosa, Juan Carlos Baglietto y Vitale-Baraj-González.. Y, por cierto, llama la atención ver a tanta gente participando de un recital-milonga cuando, pese a la buena cantidad de espacios de baile y al crecimiento que ha tenido el género en todo el mundo -y aún en la Argentina-, los discos siguen estando muy lejos en los rankings de ventas.
Sin dudas, el programa era muy atractivo y la música estuvo a la altura de esa enorme masa de público que desde temprano se fue acercando a la esquina de Maipú y Diagonal Norte, en una noche excelente, para escuchar a los artistas y bailar, primero con ellos y luego, hasta bien avanzada la madrugada, con la musicalización de los DJ's tangueros Godoy y Natuchi.
El arranque fue con la orquesta del bandoneonista Lisandro Adrover, un músico que estuvo alejado por unos cuantos años de la escena local (trabajó mucho tiempo en los Estados Unidos), y que sabe ser moderno sin romper con los moldes de la tradición. Y se hizo aún más interesante en temas propios como «Heavy» o «Preludio a mi viejo». El legendario Alberto Podestá -que acusa el paso del tiempo- fue el cantor que se sumó a esta agrupación con «Yira, yira», «Percal» y su caballito de batalla, «El bazar de los juguetes». Luego fue el turno de la Orquesta Escuela de Tango, un programa musical-educativo creado por el contrabajista Ignacio Varchausky y auspiciado por la Dirección de Música de la Ciudad, que se dedica a formar jóvenes en el mundo de las orquestas típicas. Dirigida por Emilio Balcarce, la camada de segundo año repasó clásicos como «Milonguero viejo», «La puñalada» y «A Don Agustín Bardi», y tuvo a Guillermo Fernández como invitado para «Tristezas de la calle Corrientes» y «A bailar». A ellos, les siguió el remozado Sexteto Mayor, con varios cambios luego de la muerte de Pepe Libertella y el alejamiento de Luis Stazo. Con un estilo brillante, que se ha ido acrecentando con el tiempo, hicieron un repertorio sin riesgo -con títulos como «Gran Hotel Victoria», «Payadora», « Orlando Goñi», «Desde el alma», «A fuego lento» o «Canaro en París»-, y lograron entusiasmar a la multitud.
El cierre de la noche fue con la Selección Nacional de Tango, proyecto imaginado por los propietarios del Centro Cultural Torquato Tasso, un poco inspirado en la Orquesta del Tango de Buenos Aires y otro poco en «El café de los maestros» de Gustavo Santaolalla. La idea es reunir a grandes figuras del género en el formato de orquesta típica y repartir entre ellos la responsabilidad de los arreglos y la dirección musical. Interesante en el planteo, difícil de sostener en el tiempo por las múltiples actividades de cada uno de estos maestros, la Selección ha tenido, sin embargo, cierta continuidad; y el crecimiento se nota. Así, Ernesto Baffa, Nicolás Ledesma, Mauricio Marcelli, Walter Ríos, Julio Pane, Carlos Corrales y Leopoldo Federico se repartieron, en este caso (ya no está Rodolfo Mederos pero prometen en el futuro la incorporación de Fernando Suárez Paz y Néstor Marconi) la conducción de una formación de grandes músicos que se completa con jóvenes intérpretes como Damián Bolotín, Fabián Bertero, Pablo Mainetti y Pablo Agri y con el gran contrabajista Horacio Cabarcos. La que faltó a la cita, en cambio, fue Susana Rinaldi que, afectada por un problema en su garganta, dejó a la orquesta sin voz.
Dejá tu comentario