«Mussolini, último acto» («Mussolini: ultimo atto», Italia, 1974; habl. en italiano. Dir.: C. Lizzani. Int.: R. Steiger, F. Nero, L. Gastoni, H. Fonda y otros. DVD. SBP.
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A diferencia de Alemania, que aún tiene que superar enormes traumas morales para llevar a la pantalla a Hitler, Italia nunca se hizo demasiado problema para representar a su máximo dictador en el cine. «Mussolini, último acto» es una película que data de hace 32 años y, salvando las distancias de calidad y las diferencias de estilo entre una y otra, es exactamente lo mismo que «La caída»: un examen de los cuatro días finales del fascismo.
Dirigida por Carlo Lizzani, un cineasta que prometía mucho en los años '50 cuando estrenó «Crónica de pobres amantes» con Marcello Mastroianni ( promesas que nunca llegarían después a consolidarse del todo), su film sobre Mussolini es un claro producto del cine político e histórico que se practicaba en Italia a principios de los '70: en este caso, una ilustración clara, sin demasiados matices, de la lucha entre partisanos y el régimen en decadencia; un ritmo entretenido, y una base de actores internacionales como plataforma de exportación a distintos territorios.
Rod Steiger, que fue Napoleón, que fue Al Capone, que fue tantos otros, aquí es Mussolini. Sin los escrupulosos maticesque Bruno Ganz le imprimió a su Hitler, el recordado Steiger activa todo su potencial y suda como siempre en pantalla para hacer creíble al tirano en desgracia. Franco Nero, por aquellos tiempos todavía el galán de moda, luce sus ojos claros y su heroísmo en el papel del partisano a quien le encargan el asesinato del Duce. Lisa Gastoni, a quien también le tocó en suerte interpretar la más variada galería de personajes históricos en Italia (desde Lucrecia Borgia a Messalina) es, desde luego, la esposa de Mussolini, Claretta Petacci, Y finalmente, toque típico en estas producciones, una estrella de Hollywood, Henry Fonda, aparece en un breve papel como el Cardenal Schuster. Esta película, una de las tantas que prohibió el Proceso, llegó a ser vista por muchísimo público en Buenos Aires cuando se estrenó en una semana de cine organizada por la Asociación de Cronistas en el desaparecido cine Capitol, junto a otros clásicos censurados como «El cartero llama dos veces» con Nicholson y Lange.