Nacido y criado en La Plata, sin padrinos poderosos en sus espaldas, se ha ido ganando un lugar, ha grabado y editado, y cada vez es más habitual encontrarlo actuando en pubs y centros culturales de Buenos Aires. Y es justo, porque no es fácil encontrarle defectos técnicos, ni objetarle los temas que elige para cantar, ni cuestionar a sus excelentes músicos, ni tildarlo de falso o de artificioso.
Su problema está, sin embargo, en la interpretación, un terreno muy resbaladizo donde empiezan a jugar -saludable e irremediablemente-las opiniones y las sensaciones individuales de quienes lo escuchan.
Allí puede hablarse, entonces, de una tendencia a mantener un mismo registro emocional, a evitar los matices, a optar por la potencia y el «machismo» de su voz por sobre las sutilezas, a reiterarse tema a tema en el modo de presentarlos.
Pero, como se dijo, esa es materia opinable y en las mismas mesas de Clásica y Moderna -donde acaba de debutar y estará cada viernes en trasnoche-se escucharon encendidas voces de aprobación y de rechazo para su trabajo.
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