27 de febrero 2001 - 00:00

Chavela Vargas: "Yo soy la psiquiatra de Almodóvar"

Chavela Vargas.
Chavela Vargas.
Chavela Vargas está de nuevo en nuestro país, para presentarse, mañana, en el teatro Gran Rex, tras su tardío debut argentino, recién hace dos años en el Opera. Esta vez, su actuación tendrá la particularidad de que el cineasta Pedro Almodóvar subirá con ella al escenario en el papel de maestro de ceremonias.

Periodista: Siempre que puede, dice usted que «desde José Alfredo Giménez, el mexicano no volvió a componer». ¿No le interesa ninguno de los artistas nuevos?

Ch.V.:
Es un tema complejo. En Miami está concentrado todo el montón de música que llaman cumbia o salsa, y que nada tiene que ver con esos géneros. En realidad, toda una cantidad de música que no tiene nada que ver con la música. Oigo un disco de ésos, y empiezan con una frase que la repiten 100 veces, que te pone histérica, que no te dice nada.

Hay muy buena música, yo no lo niego; pero gloriosa, como la de José Alfredo, no. Ni en Europa ni en América. Si me hubieran dicho hace 30 años que alguien iba a salir a cantar en sostén y bragas, hubiera creído que estaban locos. Y así sucede. Y si la cantante está desnuda, la música te importa un pito. Están aventando el sexo a la cara para distraerte de lo pobre de la música.

P.: ¿Qué siente ahora que finalmente también ha obtenido el reconocimiento en la Argentina?


Ch.V.:
Al fin siento que la conquisté. Desde muy niña me encantaba la música de su país, los tangos, sus instrumentos, la manera de tocar. Aunque nunca canté bien la música argentina; es muy difícil para nosotros cantar el tango. Aunque en relación con lo que hablábamos al principio, veo que la música también está aquí un poco parada; no conozco tangos nuevos. Y lamento que los argentinos estén perdiendo la belleza de su lenguaje por meter palabras en inglés.

Yo vine muchas veces a pasear; caminaba por la calle Florida, y sólo algunos me conocían. «Pero cómo va a ser Chavela, si Chavela anda borracha por ahí o ya se murió», decía alguna señora. Después fui a la Patagonia a hacer una película con Herzog. Estuve tres meses. Y tampoco nadie me hizo caso hasta el anteaño en que dos empresarios argentinos me contrataron. «¿Estará bien o estará borracha la vieja?», pensaron. Pero igual me contrataron.

P.: España le ha dado un premio importante hace poco...


Ch.V.:
Sí. Un día me despertaron de madrugada para decirme que tenía la Cruz de Isabel la Católica. Ahora estoy protegida por el gobierno y por la corona españoles. Y están hablando para nombrarme patrimonio del mundo; debe ser por la edad. Eso no se lo dan a nadie; eso no se puede comprar. No hay grabadora que pueda comprarlo para dárselo a los cantantitos, como sí sucede con los Grammy. Y lo digo porque yo he visto con mis propios ojos cómo se compran esos premios.

P.: ¿Cómo es su relación con Joaquín Sabina, que la nombra en una canción?


Ch.V.:
Me gustan las cosas que dice: «Quién pudiera reír como llora Chavela» es muy bonito. Lo amo, pero es insoportable. Nunca lo puedo pescar en sano juicio. El creía que yo me había muerto. Y una vez que regresé a España, le dijeron que yo estaba allí. «Pero si Chavela murió», dijo. Vino a verme y me golpeó en el hombro. «Vete al carajo», me dijo. «Y tu también vete al carajo», le dije; «vámonos los dos al carajo». Es un hombre divino.

Con sus canciones se me adelantaron y las canta otra gente; por eso ya no tiene chiste que yo también las cante. Sólo grabé una con él. Lo conozco mucho, soy muy amiga de su esposa, que se llama como yo, Isabel. Es un padre y un amigo maravilloso. Pero es un hombre que vive en otra dimensión, de la búsqueda eterna, que todas las noches sueña amanecer en un burdel. Esos ambientes no me asustan a mí, pero él no quiere que lo vea borracho. Un día le dije: «Todo hombre digno, cuando está borracho, pierde dignidad». Entonces él no quiere que lo vea así.

P.: ¿Y con Pedro Almodóvar?

Ch.V.: Pedro dijo que había tres personas que él amaba: Chavela, Billy Holliday y la Piaf; nos llamó la Santísima Trinidad. Empezó una amistad de años cuando él era chico; y yo soy su psiquiatra. De chico tenía mis discos y los escuchaba y lloraba. El mismo día en que me conoció, me presentó en el teatro. Es muy cariñoso, muy tierno, nos gustan las mismas cosas tranquilas; no la bronca, no el pleito. Es una gente maravillosa. También me gusta mucho su cine. «Todo sobre mi madre» me ha parecido una película excelente. Y ya he leído la próxima, y es también muy buena.

P.: ¿Qué opinión le merecen los cubanos del Buena Vista Social Club?


Ch.V.:
Cada uno tiene su historia. Si yo hablo de esto a fondo, tendría que meterme con la política. Y yo no soporto la política, porque un día amanecen diciendo una cosa y al día siguiente, dicen otra. Mejor dejemos eso como está. Prefiero no opinar.

P.: En su anterior visita, generaron mucha controversia sus declaraciones sobre Luis Miguel y Ricky Martin.


Ch.V.: Luis Miguel
es un muchacho que canta, tiene voz, lo que no tiene Ricky Martin, que sí tiene figura, belleza. Ellos se pelearon conmigo el año pasado por lo que dije. Es que la gente tiene la costumbre de hacer algo malo y querer tapar el sol con un dedo. Yo fui una señora borracha perdida; se escondían cuando yo llegaba porque me tomaba toda la cerveza y todo el mejor tequila. La cosecha del '55 me la tomé toda yo. Pero lo he reconocido. Yo dije que se habían portado mal. Dije Rin Tin Tin por Ricky Martin, y se enojaron; pero Rin Tin Tin fue un gran actor.

P.: ¿Qué hay de cierto sobre que usted va a grabar un disco con letras de Frida Kahlo?


Ch.V.:
Se robaron del museo el diario de Frida, quitaron las frases más contundentes. Tienen la letra y las músicas hechas por franceses; y quieren que yo lo cante. Yo conocí mucho a Frida y puedo dar el dejo de ella, yo sé cómo hablaba. Los franceses se entusiasmaron, pero parece que no quieren pagar mucho. No sé qué ocurrirá.

P.: ¿Qué es lo que hará exactamente Pedro Almodóvar en su espectáculo de Buenos Aires?


Ch.V.:
No sé qué hará. El siempre hace lo que le da la gana. Yo me voy a divertir mucho. Si quiere hacerse el loco, que lo haga; si quiere cantar, que cante y yo me callo.

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