ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

24 de abril 2006 - 00:00

Cine alemán también juzga ahora su otra dictadura

ver más
Una escena de «La vida de los otros»: después de muchas películas sobre el nazismo, ahora Alemania también revisa su duro pasado comunista.
Berlín - Estos días, en la antigua prisión central de la Stasi, ubicada en el barrio berlinés de Hohenschöhausen, hay más ajetreo del habitual. Convertida en un museo de los horrores, donde se muestran las torturas, sobre todo psíquicas, que la policía secreta de la Alemania Oriental aplicaba a los disidentes políticos o sospechosos de serlo, decenas de personas acuden durante todo el día a visitar este pequeño gulag germano.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

«Ahora hay más del doble de visitantes que de costumbre», explica una guía al término de una visita de una veintena de turistas de toda Alemania que querían ver cómo era en realidad aquello que recientemente habían visto en el cine.

Porque el motivo de la inusual afluencia es una película: «Das Leben der Anderen» («La vida de los otros»), un thriller psicológico que presenta con toda su crudeza los métodos de espionaje e interrogatorio de los agentes del Ministerio de Seguridad Estatal del régimen comunista de la República Democrática Alemana (RDA), ministerio más conocido por la abreviación Stasi.

«La vida de los otros» es uno de los éxitos de taquilla y de crítica de la temporada en Alemania. Ya la han visto 80.000 personas. Dirigida por el debutantel Florian Henckel von Donnersmarck, un alemán occidental de 32 años, la película narra la historia de Gerd Wiesler, un agente de la Stasi interpretado por Ulrich Mühe al que le encargan espiar a un dramaturgo y a su compañera, una actriz.

Situada en los ambientes intelectuales del Berlín Este a mediados de los años ochenta, «La vida de los otros» rompe con una tendencia del cine alemán de los últimos años: la ostalgie, un juego de palabras entre ost (Este en alemán) y nostalgia. Es decir, nostalgia de la Alemania Oriental. No se trata de una nostalgia del régimen comunista, que también existe, aunque sea minoritaria. La ostalgie es más bien una nostalgia de la vida cotidiana de aquella época: de las canciones, las series de televisión, las marcas de consumo...

En Alemania se estrenaron varias películas que evocan de manera agridulce una época que en 1989 se hundió con el muro de Berlín. El ejemplo más conocido de ostalgie es «Goodbye Lenin!», pero la lista es larga. Y aunque estas películas retratan la RDA como un país con muchas carencias y falta de libertad, lo hacen con un toque de humor y ternura.

«La vida de los otros» rompe con esa moda. «Se acabaron las risas», empezaba su crónica sobre la película el diario populista «Bild». La RDA que retrata Donnersmarck es un país en el que uno no puede fiarse ni de su esposa o marido, en el que el Estado controla cada palabra y movimiento de los súbditos, indefensos ante la arbitrariedad del Estado. Al caer el Muro, la Stasi tenía 91.000 funcionarios y 174.000 agentes no oficiales. Estos eran ciudadanos normales que colaboraban con la policía secreta informando de sus vecinos o allegados. En la RDA había un espía por cada 180 habitantes, una tasa muy superior a la de la Alemania de Hitler.

El protagonista de la película es el dramaturgo Dreyman, de éxito en la RDA, (interpretado por Sebastian Koch). Intelectuales como éste los había a decenas en aquel país. Eran miembros de una casta privilegiada -y muy infiltrada por la Stasi- que podía permitirse viajar al extranjero, leer libros y prensa extranjera e incluso, dentro de unos límites, criticar al régimen.

En el film, el ministro de Cultura de la RDA se encapricha con la actriz compañera del dramaturgo (Martina Gedeck). El ministro encarga a la Stasi que espíe al intelectual. El leal Wiesler -un agente que tiene algo de monje al servicio exclusivo de la religión del Estado- instala un equipo de escuchas en el desván de la casa donde viven Dreyman y Sieland. No hay nada nuevo, desde el punto de vista histórico, en «La vida de los otros». Pero su éxito ha reabierto el debate sobre la segunda dictadura alemana del siglo XX, la comunista.

Mientras que los alemanes han realizado una ejemplar tarea de análisis respecto al nazismo, el régimen de la RDA -por su naturaleza distinta y por ser más reciente- resulta más fácil de idealizar o relativizar. Una víctima de la Stasi, el cantautor disidente Wolf Biermann, expulsado de la RDA en 1976, publicó un artículo muy elogioso sobre «La vida de los otros» en el diario conservador «Die Welt». «Esta película me hace sospechar -concluía- que la confrontación verdaderamente profunda con la segunda dictadura alemana sólo acaba de empezar».

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias