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4 de marzo 2021 - 00:00

Renació el cine en CABA y con él Federico Fellini

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ocho y medio. Claudia Cardinale y Marcello Mastroianni en el film.

Paraná Sendrós

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Renace el cine en las salas porteñas y, entre las novedades que prudentemente se ofrecen, brilla en copia nueva e impecable 4K una obra de 1963 que sigue tan novedosa, rica, emotiva y memorable como hace casi 60 años: “8½”, de Federico Fellini. O, como se estrenó acá, “Fellini 8½” (viejos tiempos, la Argentina fue el quinto país del mundo en estrenarla). ¿Pero qué tiene esta obra para ser tan famosa y mantenerse tan fresca?

Su argumento es básico: un director de cine en la inesperada cúspide de la fama sufre gran acumulación de compromisos, indecisiones, críticas y bloqueos. Unos le dicen lo que debería hacer, otros esperan sus decisiones, y él se ha ido a unos baños termales de lujo, a pensar, recordar y evadirse. Marcello Mastroianni, con su aire de hombre apuesto, reticente, interiormente inseguro, encarna a ese director, que no es sino la imagen embellecida del propio Fellini con sus problemas, sus mujeres, y su mirada melancólica, llena de ironía y de cariño hacia la especie humana y el oficio (y el negocio) del cine.

Esa mirada, formada por años de caricaturista, le hace crear figuras como la imponente y primitiva Saraghina encarnada por la cantante de ópera Eddra Gale, o el jefe de producción con sus dos “sobrinas” en la cama, o el antológico harem, hoy imposible siquiera de imaginar. Y le hace entremezclar realidad, fantasía y sueño, de un modo que en 1963 era totalmente inhabitual y al principio podía parecer confuso, pero llegaba al corazón, y llenaba el alma, porque en el fondo hablaba de cosas muy cercanas a todo el público. Ahí precisamente está la belleza de la obra. Ni hablar de la simple frase con que Claudia Cardinale explica la causa de todos los límites del hombre (“porque no sabe amar”) ni el entrañable desfile de circo felliniano “con toda la compañía” y música del maestro Nino Rota, a cargo de una fanfarria conducida por un niño.

Esta película tiene decenas de interpretaciones, homenajes, paráfrasis (única recordable, “Stardust Memories/Recuerdos”, de Woody Allen) y aprovechamientos. Por ejemplo, años después esa música fue cortina de un programa de Susana Giménez. Pero eso, hoy, también forma parte de un recuerdo tierno.

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