Las diferencias son muchas. El joven tiene una moderna clínica privada, el viejo dice venir de un laboratorio público en algún país africano. Uno tiene casa con piscina, mujer bonita y amante siria, el otro nunca hizo plata, y ahora cae como peludo de regalo. Uno expresa todo su resentimiento, del otro nadie sabe bien lo que pasa por su cabeza ni su alma.
Los otros son, en este caso, la nuera y el hijo menor. Con ellos, el viejo va tejiendo sus redes. Si esto fuera un antiguo cuento oriental, el anciano terminaría revelando que había venido a probar a los suyos y regalarles su oculta riqueza. Si fuera una parábola cristiana, cada uno se confesaría su orfandad y mezquindad, y perdonaría y amaría al otro. Pero es una historia actual, de gente con formación psicologista, y entonces uno descubre que la muerte es simbólica, que los padres son varios, así cada espectador descubre el suyo, que cada uno corre el riesgo de repetir, de una forma o de otra, lo que le tocó en vida, y que una mísera anécdota de infancia puede definir muchas cosas. Ese es el tema.
Dejá tu comentario