Cooper, entre el golf y el caos

Espectáculos

"En más de diez años de tocar con Alice Cooper nunca nos había pasado un caos parecido: teníamos todo el público esperando fuera del teatro, y aún estábamos viendo cómo demonios hacer un show sin la mitad de las cuestiones técnicas y escenográficas previstas", dijo ayer a este diario Keri Kelly, primera guitarra de la banda de Cooper. Ya relajado tras el concierto argentino del jueves pasado que casi termina en hecatombe, a causa de la desorganización criolla, Kelly reflexionó ante este diario «hubo un momento de stress y de preocupación, pero Alice, con tantos años en este negocio, sabe que el show debe seguir y fue resolviendo todo parte por parte; nada iba a impedirle dormir tranquilo para poder levantarse bien temprano y poder disfrutar un buen juego de golf en una cancha de Buenos Aires».

Kelly, que se quedó un par de días más que el resto de la banda coordinando una posible aparición como invitado en un concierto de los argentinos Denoots, explica que el golf es la nueva adicción de Cooper («A veces creo que en realidad las giras son sólo una excusa que tiene Alice para poder jugar al golf en todos los rincones del planeta», bromea). Y dice que «A pesar de que el concierto terminó mucho más tarde de lo previsto, nada impidió que se levante al alba para estar antes de las 8 haciendo hoyos en Palermo, ni tampoco le impidió encontrarse a cenar con Liza Minnelli, a quien él produjo durante varios años»

Pese a todo, también, «Psycho Drama Tour», el show que Alice Cooper ofreció el jueves (más de una hora después del horario estipulado y con la mitad de los equipos y efectos teatrales ausentes) es un regreso a la quintaesencia del rock teatral del creador del rock grand guignol con chalecos de fuerza, guillotinas y patíbulos acompañando la brillante música dura de dos guitarras, bajo y batería de la época de «Killer» o «Billion Dollar Babies».

Aterrador e irónico como nunca en sus performances para clásicos como «No Mr Nice Guy» o «Schools Out», en versiones increíblermentes precisas y aceitadas, intercaladas con la aparición de temas de sus mejores discos que Cooper no tocaba en vivo hace décadas, en algunos casos con arreglos sorprendentes. Tal vez el momento que merecería permanecer para siempre entre lo mejor de Alice Cooper es el lento y temible duelo de guitarras para un tema matador como pocos, «Desperado».

Dejá tu comentario