Deslumbra la versión de la fiebre de los ´70

Espectáculos

«Fiebre de sábado por la noche», de N. Knighton. Mús.: Bee Gees. Dir.: A. Phillips. Esc.: R. Wagner. Vest.: F. Vena. Dir. orq.: A. Mahler. Int.: D. Petruzio, S. Lucchetti, E. Roger, Charlie G., H. Pilatti, H. Avila, D. Bross, D. Jaraz. Teatro El Nacional.

Una espectacular puesta, canciones bellas, inspiradas y ejecutadas por músicos excelentes, intérpretes adecuados y una coreografía atractiva constituyen las bases para lograr un resultado de impacto en la representación de una comedia musical.

«Fiebre de sábado por la noche» reúne todos esos requisitos. La historia de Tony Manero, un humilde muchacho que escapa de la mediocridad y la rutina a través del baile, que constituye la razón de su vida, puesta en escena por Arlene Phillips en su doble papel de directora y coreógrafa, es una prueba de la madurez y la excelencia que han logrado en nuestro país quienes se dedican al género. Y la comprobación de que la presencia de maestros que saben exigir a fondo a los intérpretes redunda en su perfeccionamiento.

El relato, basado en el artículo periodístico de
Nick Cohn que dio origen a la película y que fue adaptado por Nan Knighton, es sencillo pero no carece de significado. Es la historia de un muchacho simple, que crece de repente y se enfrenta con una realidad que lo decepciona.

A partir de esa revelación decide cambiar su vida. Apenas un soporte para la deslumbrante música de los
Bee Gees, que incluye canciones inspiradísimas que refuerzan el sentido de la trama y le otorgan profundidad. No sólo por la belleza de sus melodías sino por los textos, que revelan la esencia de los personajes, como «Trágico», «Inmortalidad», «Si no es con vos» y «Qué tonta soy», entre otros.

Producción

La producción de Robert Stigwood, en asociación con Alejandro Romay, no escatimó recursos para que el resultado sea deslumbrante. La escenografía de Robin Wagner, el diseño de luces de Greg Cohen y los set electrics de Andrew Bridge se aúnan para crear efectos impresionantes, que tienen el agregado de una belleza poco común. Tal el caso de la proyección del puente, las escenas en la disco, la sala de ensayos donde las figuras de los protagonistas son reproducidas en los espejos, las imágenes proyectadas que amplían la figura de Tony en uno de los números más comprometidos, o el simulado lanzamiento del cohete que anuncia la entrada en una nueva época.

Las coreografías son de una gran riqueza y exigen de los intérpretes un dominio extremo de la técnica. Requisito que cumple
Darío Petruzio, que encarna con solvencia al protagonista: un excelente bailarín y buen cantante (aunque muchos suspiren por John Travolta), que se luce tanto en el baile como cantando «Inmortalidad». Lo mismo puede decirse de Silvia Luchetti, que encarna a Stephanie, cuya formación clásica le permite sortear impecablemente las exigencias de la coreógrafa y conmover en «Qué tonta soy», una de las más bellas canciones.

Elena Roger (Annette) y Charlie G. (Bobby) componen con ricos recursos los personajes más desdichados de la pieza y se destacan como cantantes. Roger logra una creación en la interpretación de «Si no es con vos» y Charlie G. otorga ternura y patetismo a una de las más inspiradas canciones, «Trágico». Héctor Pilatti, Diego Bross, Diego Jaraz y Hugo Avila desempeñan a la perfección los papeles de los amigos de Tony; cualquiera de ellos podría asumir un protagónico. Miguel Brandan, Alejandra Sztycberg, Martín Marín y Ana Ezcurra se lucen en el concurso de baile.

Las escenas puramente dramáticas son las más débiles y aportan poco al desarrollo del espectáculo. Pero, más allá de esa endeblez, todo el elenco demuestra una solvencia que permite sostener que nuestras producciones musicales pueden competir con las de otros países. El rigor y el profesionalismo de los integrantes plasma en un resultado impecable, con el agregado de una cuota de energía y espontaneidad que logran que el interés no decaiga durante las dos horas que dura el espectáculo.

Mérito también compartido por la orquesta dirigida por Angel Mahler bajo la supervisión musical de Phil Edwards. El estupendo vestuario diseñado por Fabián Luca va más allá de lo convencional. Es refinado e imaginativo, y tiene el mérito de haberse detenido en la observación de las características de los personajes.

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