Blancanieves, la clásica princesa que Disney inmortalizó en 1937, fue una baronesa que, en realidad, nunca fue besada y tuvo una vida lejana al "final feliz"del cuento.
Blancanieves, la clásica princesa que Disney inmortalizó en 1937, fue una baronesa que, en realidad, nunca fue besada y tuvo una vida lejana al "final feliz"del cuento.
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Fue Maria Sophia von Erthal quien inspiró la obra de los hermanos Grimm (1812), y su historia vuelve a la luz gracias a la reciente restauración de su lápida, que acaba de exponerse en el museo diocesano de Bamberg, en el sur de ese país europeo.
Su lápida se había mantenido en una iglesia de Bamberg y luego en un hospital financiado por su hermano. Al momento de reestructurar el hospital pasó, en los años 70, a una familia que la donó al museo.
La desafortunada baronesa vivió en un castillo de Lohr am Main, unos 100 kilómetros al oeste de Bamberg, en el norte de Baviera, y murió en 1796, como recordó el director del museo, Holger Kempkens.
Su historia era "bien conocida a principios del siglo XIX", dijo el director del museo, refiriéndose al período en que Jacob y Wilhelm Grimm publicaron la primera edición de la fábula de "Schneewittchen" ("Blancanieves"), que logró luego notoriedad planetaria junto con los siete enanitos en el dibujo animado de Walt Disney (1937).
Los hermanos Grimm escribían inspirándose en historias escuchadas de "gente del lugar", recordó Kempkens subrayando que vivieron a solo 50 kilómetros del castillo de Lohr am Main.
Ya en los años 80 un historiador local, Karlheinz Bartels, había realizado investigaciones sobre los "paralelismos" entre la vida de Sophia y la figura de Blancanieves.