Lástima, asimismo, que el film ocupe un tercio de su tiempo en prolegómenos, historiando innecesariamente el período 1930-1963 antes de entrar en materia, y deje después varios huecos importantes sin contestar. Entre ellos, cómo se desenvolvieron los hechos en determinados momentos, cuántos muertos y heridos hubo realmente, y qué pasó en el juicio posterior ( aparte la famosa frase de un coronel El epílogo también es objetable en su extensión. Pero evidencia dos ganadores indiscutibles: el material fílmico y la cámara Bolex a cuerda, por encima de todas las cintas de video y las videocámaras que hoy se usan. Si lo sabrá el autor,
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