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Tal fue la reacción que, cuando todavía falta casi un mes para su apertura (el 17 de marzo), no hubo medio en Nueva York que no se ocupara del tema. Muchos ven en la futura muestra una verdadera trivialización del nazismo, una broma nefasta que hubiera sido mejor evitar. Sobrevivientes del Holocausto y sus familias ya han emitido duras críticas al museo. Las más extremas catalogaron a la exposición como algo bajo y repugnante, una falta de respeto a las víctimas del genocidio, agravado por el hecho de que es una institución de la misma colectividad judía la que lo patrocina.
Las autoridades del museo se defienden. La directora, «
En la misma línea, el curador de la muestra,
Los artistas de las nuevas generaciones que elegimos, todos entre 30 y 40 años, nos hacen confrontar con las mismas caras de los nazis, con los victimarios, con sus aparatos de poder, con su notoria y eficaz propaganda».
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